Acompañantes pares de diversas provincias se reunieron para debatir sobre límites y recaídas en el abordaje de las adicciones, compartiendo vivencias que definen al espacio como una auténtica familia.
El tercer encuentro de acompañantes pares de la región NOA de la Familia Grande Hogar de Cristo convocó a cuarenta participantes de San Miguel de Tucumán, Concepción, La Rioja, Santiago del Estero y Buenos Aires. Durante la jornada, los integrantes precisaron que se trabajaron ejes fundamentales de la tarea diaria, puntualmente «el acompañante par, los límites y la recaída». El propósito y el espíritu del movimiento quedaron sintetizados en la afirmación «somos misión», complementada por el anhelo de seguir «compartiendo y queriendo abrazar más vida, recibir más vida, para que esta familia siga creciendo en amor». Para quienes ejercen este rol comunitario tras haber superado situaciones de vulnerabilidad, asumir esta función representa «un orgullo, emoción, amor, sanación, esperanza», así como «un orgullo muy grande de encontrar a la familia del Hogar de Cristo».
Los testimonios dieron cuenta de dispositivos específicos, como la Granja Santa Mónica en Tucumán, la cual «se dedica a recuperar chicos con adicción» y actualmente acompaña a siete personas internadas por un periodo de un año a través de tareas laborales y físicas «para que puedan tener también un equilibrio y no estar quietos trabajando en la cabeza». Al momento de definir la esencia de la organización, quienes forman parte de ella la caracterizan como «una familia que te abraza, que te acompaña, que te contiene, que te da el amor que muchas veces uno lo necesita». Por último, el mensaje final hacia aquellas personas que atraviesan consumos problemáticos y aún no se han acercado a los centros barriales fue una invitación directa: «que se anime, que se dé una oportunidad, que se sienta importante para volver a nacer, para volver a resucitar».


