Una caricia de fe y comunidad: Misa por las familias, las madres y los que ya no están
El dolor y las pérdidas que provocan las adicciones dejan marcas profundas en nuestras comunidades y, de manera muy especial, en el corazón de las madres y familias que luchan sin bajar los brazos. Por eso, nos encontramos en una Misa muy especial para abrazarnos en la oración, hacer memoria de aquellos que ya no están a causa del consumo problemático de sustancias y renovar las fuerzas de quienes siguen dando la batalla día a día.
Frente a la desesperación y el olvido, la Iglesia sostiene firmemente su misión de estar presente en el territorio: poner el cuerpo, abrir las puertas de par en par y tendiendo la mano a quienes más sufren por este flagelo. En cada Centro Barrial reafirmamos que no existen «vidas de descarte» y que la recuperación es posible cuando hay una comunidad que recibe la vida como viene, ofrece contención, afecto y construye oportunidades reales de sanación y futuro.
No están solas, no están solos. La oración compartida nos une, nos consuela y nos impulsa a seguir transformando el dolor en organización, lucha y esperanza comunitaria.