«Volver a lo simple, volver a ser hermanos»
En el Hogar de Cristo sabemos lo que es vivir con poco o con nada. Sabemos lo que es pelearla cada día, a veces con bronca, otras con cansancio, otras con ganas de salir adelante. Y también sabemos algo más profundo: que cuando alguien te mira con amor, te devuelve la dignidad; que cuando alguien comparte lo poco que tiene, nace algo nuevo.
Francisco de Asís era un muchacho que tenía todo, pero eligió hacerse pobre. No porque le gustara sufrir, sino porque descubrió algo clave: que la verdadera riqueza es vivir como hermano, sin pisar a nadie y sin que nadie te pise.
Iluminación
Francisco se encuentra con un leproso. En su época, los leprosos eran los descartados, los intocables. Al principio le daba asco, miedo, como a cualquiera. Pero un día se baja del caballo, se acerca y lo abraza. Y ahí pasa algo: lo que antes le parecía amargo, se vuelve dulzura. Eso es conversión. Eso es liberación. No es magia. Es cambiar la mirada.
Clave liberadora
Muchas veces el sistema te dice: «no valés», «ya estás perdido», «sos un problema». Pero el Evangelio (y Francisco) nos dicen: «Sos hermano», «Tu vida vale», «Dios está con vos, no contra vos». Francisco no escapó del mundo, se metió en el dolor del mundo para transformarlo desde el amor.
Dinámica: «Lo que rechazo, lo que abrazo»
Material: papelitos y lápiz
Paso 1: Cada uno escribe (sin poner nombre):
Algo que le cuesta aceptar (de sí mismo o de su vida)
Algo que rechaza o le genera bronca/miedo
Paso 2: Se mezclan los papeles y cada uno toma uno al azar.
Paso 3: En silencio, cada uno: reza por eso que le tocó, y lo sostiene en la mano como gesto de «no rechazo»
Gesto final: Se hace una ronda y se coloca todo en el centro (puede ser una cruz o una vela).
Preguntas para compartir
¿Qué cosas hoy me cuesta abrazar de mi historia?
¿Alguna vez alguien me «abrazó» cuando yo me sentía descartado?
¿A quién me cuesta mirar cómo hermano?
¿Qué me impide vivir más simple, más libre?
Si hoy doy un paso al estilo de Francisco ¿cuál sería?
Oración
Señor Jesús,
vos que te hiciste pobre entre los pobres,
mirá nuestra vida como miraste a Francisco.
A veces tenemos miedo,
a veces rechazamos,
a veces sentimos que no valemos.
Pero vos no te alejás.
Vos te acercás y abrazás.
Danos un corazón sencillo,
que no se crea más que nadie
y que tampoco se sienta menos.
Danos valentía para abrazar lo que duele,
para no escaparle al hermano,
para construir comunidad.
Que en el Hogar de Cristo
nadie quede tirado,
nadie quede solo,
nadie quede sin dignidad.
Y que, como Francisco,
descubramos que, en lo pequeño,
en lo simple,
en lo pobre…
está tu Reino.
Amén.
