«Hay un fuego en mi interior»
Lectura: Jeremías 20, 7-9
Reflexión: «Sentir no es fallar»
Jeremías es uno de los profetas más humanos de la Biblia: se cansa, se enoja con Dios, se siente solo, llora. Incluso llega a decir: «Me sedujiste, Señor… y me dejé seducir». Como diciendo: «Esto es demasiado para mí». En el camino de recuperación aparecen momentos así: ganas de abandonar, bronca, tristeza profunda, sensación de que «no vale la pena». Y a veces surge una idea peligrosa: «Si me siento así, es que estoy fallando». Jeremías muestra algo muy importante: Sentir dolor no es fallar. Querer dejar no es abandonar. Lo más fuerte es esto: Aunque quiere callarse… no puede, porque hay un fuego dentro suyo.
Ese fuego también está en vos y puede ser: las ganas de vivir, el deseo de cambiar, el amor de alguien, una esperanza pequeña, Dios actuando en silencio, Aun cuando todo pesa…hay algo que te sigue empujando a no rendirte.
Dinámica: «El fuego que no se apaga»
Objetivos
Reconocer lo que me duele hoy. Identificar lo que me sostiene. Descubrir ese «fuego interior» que me mantiene en pie.
Materiales
Hojas – Lápices o biromes – (Opcional) una vela o imagen de fuego en el centro
Pasos
1. Lo que me pesa (5-10 min)
Cada uno escribe: ¿Qué me duele hoy? ¿Qué me cansa o me da ganas de dejar?
2. El fuego interior (5-10 min)
Ahora escribir: ¿Qué me hizo seguir hasta hoy? ¿Qué me sostuvo cuando estuve mal? ¿Por qué no abandoné del todo?
Ponerle nombre a ese «fuego» (ej: mi familia, Dios, un compañero, una esperanza, yo mismo)
3. Darle fuerza (5 min)
Completar la frase: «Aunque me sienta…, hay algo en mí que…»
Ejemplos: «Aunque me sienta cansado, hay algo en mí que quiere seguir», «Aunque tenga miedo, hay algo en mí que no quiere volver atrás».
Compartir (opcional)
El que quiera puede compartir algo que le duele y cuál es su «fuego».
Clave: escuchar sin corregir, sin aconsejar, solo acompañar.
Canción para iluminar
«Todo cambia» — Mercedes Sosa
«Cambia lo superficial… cambia también lo profundo», lo que hoy duele… puede transformarse, lo que hoy pesa… no es definitivo.
Reflexión final
Jeremías no fue un profeta fuerte todo el tiempo. Fue un hombre que muchas veces quiso dejar todo. Pero nunca se fue del todo. ¿Por qué? Porque había algo más fuerte que su dolor: un fuego interior que no se apagaba. En la recuperación pasa lo mismo: Podés estar cansado, podés estar triste, podés sentir que no podés más. Pero si estás acá…es porque ese fuego sigue vivo. No hace falta que hoy tengas fuerzas para todo. Solo esto: No apagar el fuego. Cuidarlo, aunque sea chiquito.
Oración de cierre
«Señor, vos conocés mi cansancio y mi dolor. Pero también sabés que hay algo en mí que quiere seguir. Cuidá ese fuego… y ayudame a no rendirme.»
