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Mirando nuestrxs niñxs y adolescentes – Equipo granja Madre Teresa

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Mirando nuestrxs niñxs y adolescentes – Equipo granja Madre Teresa

Lourdes Molina

Granja Madre Teresa, Gral. Rodriguez, Prov. Buenos Aires

Estoy acompañando desde el año pasado el proceso en la granja Madre Teresa y en el centro barrial que está enfrente, en General Rodríguez. Cuando Charly me convocó en lo particular por mi formación y mi experiencia en temas de infancia y adolescencia desde la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), en temas de violencia,me pidió que ayudara a pensar las intervenciones con los niños, niñas y adolescentes en el territorio de la Argentina, pero en particular en el dispositivo de la granja.

Allí tuve el privilegio de conocer algunas personas que, al momento de presentar un panel en temas de infancia en Hogar de Cristo, quisiera que sean ellas las que hagan la presentación. Son quienes empezaron a caminar ese territorio particular tratando de mirar los vínculos, porque la complejidad y la atención de los acompañamientos que compartimos en la familia grande son históricamente trabajo con adultos y adultas. Y a ellos los nombramos chicos y chicas. Cuando me arrimé a la granja y me decían los chicos y las chicas, para mí los chicos y las chicas eran los niños. El nombre que usamos de alguna manera da cuenta de cuánto los visibilizamos, porque si chicos y chicas son los de treinta y pico y cuarenta años, los niños -no sé- son bebés.

Esta humorada da cuenta de la importancia de nombrarlos y de pensar la especificidad. Vamos a compartir una experiencia, por eso, la idea es poder hacer un intercambio, preguntas y quizás recoger cuáles son las tensiones que ven.

Quisiera que ahora se presente el equipo.

Lucía Pardo

Granja Madre Teresa, Gral. Rodriguez, Prov. Buenos Aires

Estuve trabajando dos años en Rodríguez donde tenemos un dispositivo de viviendas comunitarias para mujeres con hijos. Cuando hablamos de viviendas comunitarias estamos pensando en todas esas mujeres que veníamos acompañando embarazadas desde la calle, desde el centro barrial, que tenían un montón de hijos desparramados por distintos lugares -con algunas abuelas, con algunos tíos, o en Hogares- y que llegaban con su panza no sabiendo qué hacer ni dónde ir y que se presentaba toda una complejidad enorme. Vimos, entonces, la necesidad de abrir un espacio para ellas. Cuando empiezan a caminar las mamás en estas viviendas y se empieza a privilegiar su autonomía –ya que no es una comunidad terapéutica- se busca empezar a trabajar el fortalecimiento como madre, como persona, ya que a la mujer la atraviesa por todos lados el ser madre. Después de vivir tanta muerte en la calle, muerte en todos los sentidos, el traer un hijo al mundo la conecta con la vida y en ese conectarse con la vida, como equipo nos dábamos cuenta que teníamos que fortalecer esa vida que estaba llegando. Teníamos que mirar esa vida especialmente y no sólo a través de la mamá. Vimos también la necesidad que dentro del dispositivo de viviendas comunitarias haya también un espacio donde estos niños puedan ser mirados, ser contenidos, y se pueda trabajar con ellos terapéuticamente. Paralelamente buscar ir fortaleciendo a esa mamá que se está queriendo hacerse cargo. Es un trabajo todo el tiempo de ida y vuelta.

Entonces abrimos la juegoteca. La pensamos desde la lógica de un espacio comunitario donde cada madre también es partícipe de este espacio. Un techo para mi país nos donó una casilla y con las mamás pintamos el espacio y lo empezamos a preparar. El marido de una que es cartonero nos donó una alfombra que encontró en la calle. Armamos el espacio con el cuerpo: eso es ser comunitario. Y, ¿cuál es la importancia? Todas las personas que participamos de ese espacio nos involucramos, nos empoderamos. La idea de la juegoteca es por un lado mirar al niño, mirar las necesidades, mirar las problemáticas, empezar a trabajar con ellas. De ahí surge el equipo profesional, ya que estos niños necesitan una mirada profesional, un acompañamiento, alguien capacitado pero sin dejar de mirar a la madre. Necesitamos mirar a la persona desde su complejidad, con una mirada integral. No se puede mirar solo al niño, así como en otros hogares que conocemos. Se mira al niño con todos sus vínculos, con toda su complejidad.

Entonces la juegoteca comenzó a tomar más forma y se empezaron a jugar diversos ejes: las necesidades del niño y las necesidades de la madre. Esto genera tensiones: ¿hasta dónde puedo, hasta dónde no? ¿Cómo es ese maternar para mí? ¿Cómo se juega mi tiempo como madre, como mujer y cómo se juega el tiempo de mi hijo? Quizá yo tenga otros tiempos para mi cambio, para mi proceso, que se tensionan con los tiempos de mi hijo que tiene un año, que está en esa etapa de extrema vulnerabilidad donde su tiempo es otro. Se empiezan a presentar un montón de tensiones y ahí empieza a jugar un rol muy importante el tener un equipo mirándolas.

El espacio de juegoteca tiene la impronta de trabajar desde el amor, desde el vínculo. Hoy vinimos reflexionando sobre la importancia del vínculo. Los niños más aún. El amor es lo que contiene, el amor es lo que va sanando y en ese amor también hablamos de límites. Se empiezan a trabajar los límites desde el amor. Con la madre, ¿cómo poner límites con amor? ¿Cómo la madre empieza a reconocer sus límites como madre? Porque tal vez como mamá ama a su hijo pero no puede, no puede porque está en calle, no puede porque está consumiendo… No puede hoy, tal vez pueda mañana.

Se va tejiendo artesanalmente. Este es el desafío: la tensión se abre siempre para quienes acompañamos a un montón de mamás y de vínculos que necesitan tanto cuidado.

Cristina Blasida Resquin

Granja Madre Teresa, Gral. Rodriguez, Prov. Buenos Aires

Nosotros día a día le ponemos el cuerpo y las ganas de estar con esos chicos que a veces a veces vienen un poco complicados por el tema de sus padres. Por ejemplo cuando una madre está mal, los chicos vienen como más tensionados o más bruscos.

En síntesis, ponemos el día a día para que los niños en verdad sean niños y sean tratados como niños, ahí en ese lugarcito que hicimos en el Hogar. Ojalá este proyecto que está teniendo este Hogar sea llevado a cada Hogar de Cristo.

Claudia Arcuro

Granja Madre Teresa, Gral. Rodriguez, Prov. Buenos Aires

Recibimos niños con una sintomatología claramente definida. Entonces comprendemos el sufrimiento psíquico que hacen las familias en este proceso que es tan costoso y tan doloroso porque también los afecta a los niños de una manera muy significativa. Lo vemos a diario y me parece importante que este lugar pueda abrir como una puerta para el lugar del niño en la familia, ya que a veces corre con tiempos diferentes a los de los padres.

Trabajamos, entonces, en una encrucijada sobre las prioridades en la vida. De un lado está la madre, la familia, y del otro, los niños con el dolor a flor de piel, porque esto no es sin costo para ellos. El Hogar intenta brindarles un espacio durante cuatro horas donde a través del juego y de los acompañamientos terapéuticos se pueda desarrollar la mayor posibilidad para ellos.

Julia Castellanos

Granja Madre Teresa, Gral. Rodriguez, Prov. Buenos Aires

El momento rico que tenemos como equipo que acompaña es la llegada de esta mamá al dejar a su niñito en el ingreso. Podemos a veces intercambiar con esta mamá y vemos que algo está sucediendo -quizá como decía Lucci- algo de este saber que las mamás traen que quizá está un poco caído, un poco roto en relación a estos niños, y articulamos alguna herramienta de abordaje terapéutico, de entrevistas y en el mejor de los casos se abren tratamientos en la granja.

Brenda Ochoa

CB Madre del Pueblo, Campo Papas, Prov. de Mendoza

Nuestro Hogar recibe, en distintos momentos del día, a chicos, a madres y a niños. A la noche hay encuentros por separado de hombres y mujeres.

El encuentro de las mujeres es muy fuerte y nos parecía importante que pudieran expresarse tranquilamente sin que sus hijos tuvieran que escuchar sus experiencias.

En ese momento me hice cargo de la coordinación y empecé a cuidar a los chicos, a contenerlos. La pregunta sería si esta guardería –como le llamamos nosotros- porque vienen las mamás y nos depositan a los niños, se puede transformar en este hermoso vínculo de jugar con los ellos. En un espacio en el que ellas aprendan a jugar con sus hijos (porque muchas veces la relación no es tan fraterna), que disfruten esos momentos de juego y que también los hijos puedan disfrutar de su mamá.

Estela Gallegos

Granja Madre Teresa, Gral. Rodríguez, Prov. Buenos Aires

Lo ideal para plantearse la juegoteca o el espacio de niñez, o como quiera llamarlo cada uno de los Hogares Cristo en nuestra República, es pensar en duplas. Puede ser una técnica con una educadora: como el caso de Cristina y Claudia, una educadora y una profesional. Eso acompaña y enriquece.

Lourdes: En temas niños y en tema prevención, si en la familia grande empezamos a pensarlo en términos prevención e intervenciones tempranas, se vio desde la experiencia que una persona sola en el equipo -más allá de la formación que tenga- no alcanza. La mirada de las, los educadores, puede completarse desde la psicología para hacer algún diagnóstico presuntivo, para intervenir y evitar que se desarrollen cuadros de cierta gravedad. Hoy día tenemos chiquitos con cuadros muy graves. Chic@s de 7 u 8 años con trastornos psicosomáticos, con trastornos de ansiedad grave. Esto no se veía años atrás. Y no estamos hablando sólo de las familias que acompañamos desde Hogar de Cristo. Se ve en todos los ámbitos, pero con la problemática de las adicciones se agrava mucho más. Entonces en la granja tenemos este privilegio y esta posibilidad de un recurso profesional que ayuda y potencia, pero uno puede caminar también sin tenerlo. Necesariamente, como planteaba Charly, se tendrá que articular con centros de salud, porque en realidad se requiere interconsultas con una especificidad. Si bien no es determinante, ayuda.

Lucía: Pensando en la historia, nosotros empezamos 2 personas en una casilla, muertos de frío, con los nenes que nos aplastaban la cabeza, y abríamos sólo una hora. ¿Qué quiero decir? Era todo un quilombo de verdad. Y así empezamos: mirando a los niños… como pudimos… y a lo largo de un año y medio construimos ese espacio hermoso, con un equipo de cinco profesionales de la SENAF. Pero si pretendemos empezar con el equipo de cinco profesionales de la SENAF, en un espacio hermoso, tal vez no empecemos nunca. Me parece necesario recuperar esa historia y que quede bien claro -como en todas las cosas en el Hogar-: se ve la problemática, la necesidad y se empieza. Siempre en miras de poder después ir mejorando y dando más pasos.

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