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La fórmula de los curas villeros para “rescatar” a jóvenes adictos al paco

Un estudio midió el impacto de los centros barriales del Hogar de Cristo y demostró el éxito de este programa para la reducción del consumo de drogas y la inclusión social de los jóvenes más marginados.

Durante la presentación del informe “Impacto Integral de los centros barriales del Hogar de Cristo” estuvieron presentes (de izq. a der): Ana Clara Camarotti, doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet; padre Lorenzo “Toto” de Vedia, al frente de la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé; Ann Elizabeth Mitchell, profesora de la UCA; padre José María “Pepe” Di Paola, presidente de la Federación Familia Grande Hogar de Cristo; y Nicolás Meyer, director ejecutivo de Cáritas Argentina.

“A los 11 años comencé a tomar alcohol a escondidas, a los 12 arranqué con el cigarrillo, a los 13 empecé a fumar marihuana y a los 14 conocí las pastillas, la pasta base y de ahí no paré hasta los 19 años”, relata y enumera Brenda Acosta (26), con la crudeza de quien vivía “perdida en los pasillos”. Brenda tocó fondo. Pero gracias al acompañamiento que recibió del centro barrial San Alberto Hurtado, logró transformar su vida. Hoy, es madre de Ulises y Guadalupe, tiene su propia casa en la villa 21-24 de Barracas, es directora de la Murga Padre Daniel de la Sierra y trabaja ayudando a otras personas en situación de calle.

Los Centros Barriales del Hogar de Cristo nacieron para dar una respuesta integral a situaciones de vulnerabilidad social y al consumo de drogas en los barrios populares, frente a un flagelo que crecía año a año. Hoy, son más de200 centros barriales en 19 provincias, y ya recibieron a más de 20.000 personas que, como Brenda, llegaron para encauzar sus vidas y encontrarle un nuevo sentido.https://imasdk.googleapis.com/js/core/bridge3.443.0_en.html#goog_391040260about:blankAds by

El desafío es grande y muy complejo. Las personas que parten de una situación de alta vulnerabilidad y quedan atrapadas por el consumo de drogas, sobre todo de una tan dañina como el paco, sufren un deterioro que impacta tanto en su salud como en los lazos familiares. La pasta base “rompe” a los adictos en todas sus dimensiones y muchas veces los vuelve esos “fantasmas” que rondan los pasillos o viven en “ranchadas”, hacinados, desnutridos y con una gran propensión a contraer tuberculosis y HIV, entre otras enfermedades.

¿Cuál es la clave de la propuesta empleada por los “curas villeros”? ¿Cómo sus centros contribuyen al desarrollo humano e inclusión social de los más marginados? Según una investigación de la Universidad Católica Argentina (UCA) junto a la Federación Familia Grande Hogar de Cristo, que midió el impacto de los centros barriales, la reducción del consumo de drogas fue el factor más nombrado por los usuarios como desencadenante de los cambios positivos en otras dimensiones de sus vidas. Tres de cada cuatro entrevistados indicaron que habían obtenido una solución habitacional, ya sea mediante la provisión de vivienda o facilitando el acceso a un programa habitacional estatal. En especial, remarcaron el fuerte impacto que tuvo en ellos mejorar su alimentación y salir de la situación de calle. “Es lo único que te permite proyectarte hacia el futuro”, remarca Brenda.

En línea con esto, el padre José María “Pepe” Di Paola, presidente de la federación, remarcó durante la presentación del estudio la importancia de hacer rápidamente un “pequeño diagnóstico” para saber cómo comenzar el camino de la recuperación. “Esto nos parece importante porque de esa manera la persona que se acerca con ganas de dejar el consumo, tiene una respuesta práctica. Después, con el tiempo, se darán pasos más precisos, más claros”, agrega.

El primer centro fue el San Alberto Hurtado, de la villa 21-24. Se fundó el 20 de marzo de 2008, con una misa que ofició monseñor Jorge Mario Bergoglio, hoy el Papa Francisco. Fue el sacerdote “Pepe” Di Paola quien inició el proyecto, al ver que era necesaria una solución integral ante este desafío, y no solo ofrecer a los chicos “dejar de consumir y listo”. En ese mismo centro, Brenda inició su camino de recuperación, y es donde hoy brinda su tiempo y esfuerzo para que otros tomen valor en la lucha contra las adicciones.

“El padre Charly (Olivero) fue a buscarme. Fui con mucha incertidumbre, no quería estar encerrada, tenía miedo. Pero cuando estuve ahí me di cuenta de que era un lugar acogedor: un hogar”, resalta la joven.

Gracias al acompañamiento que recibió, Brenda dejó de consumir drogas y hoy es directora de la Murga Padre Daniel de la Sierra y trabaja ayudando a otras personas en situación de calle
Gracias al acompañamiento que recibió, Brenda dejó de consumir drogas y hoy es directora de la Murga Padre Daniel de la Sierra y trabaja ayudando a otras personas en situación de calle

Dejar de consumir no es el único problema que tienen los chicos que sufren adicciones en estos contextos. Un sinfín de problemáticas asociadas deben irse solucionando en simultáneo, desde asuntos legales a la obtención de una vivienda y trabajo. La recuperación conlleva un seguimiento integral. Por eso, los centros desarrollaron e implementaron las llamadas “viviendas amigables”. “No es solo un programa de recuperación de adicción. Es el paco y sus circunstancias. Si después de hacer un camino de internación y recuperación, se vuelve al mismo lugar donde empezó esta historia, estamos en la misma. Por eso, es importante ocuparse del todo: la vivienda, el tiempo libre, el trabajo, problemas judiciales y la salud”, subraya el padre Lorenzo “Toto” de Vedia, al frente de la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, de la villa 21-24.

La frustración y el estrés por la dificultad en encontrar un empleo formal fueron mencionadas repetidas veces durante las entrevistas que realizó el equipo comandado por la investigadora Ann Mitchell, titular de Desarrollo Social en la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA. Solo uno de cada cinco indicó que había iniciado un programa de educación formal, mientras que uno de cada cuatro dijo tener un trabajo fuera del centro barrial.

En el caso de Brenda, al tiempo de dejar las drogas estaba con ganas de trabajar, pero no tenía muchas posibilidades. “El padre Charly me propuso sumarme al Hogar, poner el hombro, salir a buscar a las personas en situación de calle. Darles algo para comer y brindarles ese toque de amor que tanto necesitan”, cuenta, con mucha emoción, Brenda.

En los hogares no dan “el alta”, y quienes van transitando este camino de recuperación suelen quedar “enganchados” por amistad, por compañerismo, y muchos se convierten en voluntarios y acompañantes.

Según el padre Toto, el proyecto funciona porque mira mucho la tarea “cuerpo a cuerpo”. “Es bien territorial, es bien concreto en las respuestas, y se replica porque el hogar se adapta a la realidad de los pibes”, subraya el cura.

“A mí me acompañaron a internarme, a sostener una terapia. Me acompañaron cuando quería romper todo, no buscaron cambiarme. Me enseñaron a sentirme segura, a tener vínculos sanos y fuertes. Me enseñaron que no solo se trata dejar de consumir, sino de aprender a vivir mejor”, dice Brenda.

La necesidad de reexaminar los procesos de acompañamiento es uno de los puntos subrayados por el informe de la UCA, junto a fortalecimiento del trabajo articulado con el Estado. Por ejemplo, un eje es desarrollar mejores espacios para las mujeres y sus hijos, en donde pueden albergarse, así como contar con respuestas de contención específicas para las mujeres en las dimensiones de educación y trabajo. También es urgente avanzar en políticas públicas que tomen en cuenta las trayectorias de vida de los jóvenes vinculados con el Hogar de Cristo, como emprendimientos productivos y cooperativas con fines sociales.

Aspectos claves del abordaje “cuerpo a cuerpo” del Hogar de Cristo

  • Acompañamiento integral: para poder iniciar un camino de salida del consumo de drogas, las personas primero necesitan un lugar donde dormir a la noche, un plato de comida, ropa limpia y un lugar para bañarse. Si tienen una causa judicial pendiente, necesitan asesoramiento judicial. Requieren un acompañamiento para hacer contacto con un centro de salud, tramitar el DNI o acceder a un programa de asistencia social pública. Cuando las personas experimentan una acumulación de privaciones, se requieren respuestas que actúen simultáneamente sobre múltiples dimensiones de la vida.
  • Inserción territorial: la cercanía de los centros barriales a zonas de alta prevalencia de consumo de drogas no solo facilita el contacto inicial con personas en situación de consumo, sino que también favorece el proceso de recuperación a largo plazo. El poder seguir en contacto con la familia o con situaciones cotidianas y poder ver diariamente las consecuencias negativas del consumo de sustancias de quienes no están en tratamiento, hace que tomen responsabilidad por la decisión de dejar de consumir y se mantengan más firmes en el camino de recuperación.
  • Dimensión relacional: los centros barriales del Hogar de Cristo priorizan la construcción de lazos afectivos y de confianza, crean un entorno en el cual las personas pueden hablar sobre las experiencias vividas. En algunos casos, los caminos de recuperación son provocados por procesos más introspectivos, como tener tiempo para pensar, estar en la naturaleza o la oración, lo cual desencadena una mejora de la autoestima y un proceso de reducción del consumo, que a su vez actúa como motor de cambio en la reconstrucción de vínculos con la familia y con el vecindario.

Para ver nota original: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/la-formula-de-los-curas-villeros-para-rescatar-a-jovenes-adictos-al-paco-nid24022021/

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Hogares de Cristo: “El Estado reconoció la eficacia de nuestro abordaje en adicciones”

Lo dijo el padre Pepe Di Paola en la presentación de un informe de la UCA que midió el impacto de estos centros de recuperación creados por los curas villeros en 2008 y de los que actualmente existen más de 200 en todo el país.

“El momento fundacional de los Hogares de Cristo fue el lavatorio de pies del Jueves Santo de 2008, cuando el cardenal Jorge Bergoglio, el padre Pepe, el padre Charly y otros, lavaron los pies al primer grupo de jóvenes que iniciaba el camino de salir de la calle y de las adicciones”, dice el obispo auxiliar de Buenos Aires Gustavo Carrara en el video de presentación del informe de “Evaluación de impacto integral de los centros barriales del Hogar de Cristo”.

Trece años después de aquella primera iniciativa, hoy se ha conformado una Federación Familia Grande Hogar de Cristo, una red de más de 200 de estos centros barriales que brindan una respuesta integral a las personas que se encuentran en situación de gran vulnerabilidad por su situación social y por la adicción a sustancias psicoactivas.

Un equipo interdisciplinario coordinado por una investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA) Ann Elizabeth Mitchell -estadounidense pero con varios años de residencia en Argentina, llevó adelante esta evaluación en el marco de un convenio entre la UCA y la Federación Familia Grande Hogar de Cristo.

La Evaluación de impacto integral de los Centros barriales del Hogar de Cristo fue presentada vía streaming desde la parroquia Caacupé de la Villa 21 de Barracas, donde todo comenzó hace 13 años, y con la presencia, además de la citada Mitchell, de los sacerdotes Toto de Devia y José María Pepe Di Paola, de la socióloga Ana Clara Camarotti y de Nicolás Meyer, director ejecutivo de Cáritas Argentina.Presentación de la Evaluación de los Hogares de Cristo en la parroquia Caacupé. De izq a der: Camarotti, Toto de Vedia, Ann Mitchell, Pepe Di Paola y Nicolás MeyerPresentación de la Evaluación de los Hogares de Cristo en la parroquia Caacupé. De izq a der: Camarotti, Toto de Vedia, Ann Mitchell, Pepe Di Paola y Nicolás Meyer

El trabajo, que buscó comprender cómo los centros barriales contribuyen al desarrollo humano e inclusión social, se hizo esencialmente a partir de entrevistas grupales con las personas de las personas que pasaron por estos Hogares, es decir, por el relato de sus experiencias y la vivencia de las cosas que cambiaron en sus vidas a partir de ellas.

El estudio evaluó estos cambios en seis dimensiones: satisfacción de necesidades básicas, salud, relaciones, situación judicial, educación y trabajo.infobae-image

Y puso en evidencia el encadenamiento virtuoso que se produce entre ellas, ya que, según se explica en el informe, “los cambios en la satisfacción de las necesidades básicas dan lugar a cambios en la salud, la salud abre paso a cambios en las relaciones y la dimensión judicial influye en las oportunidades en el mercado laboral”.

Las personas atendidas en estos hogares llegan por lo general en situación de vulnerabilidad extrema: “Una de cada cinco se encuentra en situación de calle -dice el informe-, más de la mitad consume más de una sustancia adictiva y 9 de cada 10 no ha finalizado el nivel secundario”.

Casi todas las personas entrevistadas por el equipo dirigido por Ann Mitchell, con algunas pocas excepciones, experimentaron una mejora en estas dimensiones de sus vidas desde que empezaron a concurrir a estos centros.infobae-image

Pero también, advierte el informe, “cerca de un tercio de las personas relevadas dejaron de concurrir al Hogar de Cristo dentro de los tres años desde la fecha del primer contacto (y) es razonable suponer que una amplia proporción de estas personas abandonó su proceso de recuperación”.

La mayoría de los que se desvinculan del programa son personas que estaban inicialmente en situación de calle lo que evidencia el peso de la situación socioeconómica.

Entre los cambios positivos mencionados están las “mejoras en la autoestima y en la relación con personas del entorno y miembros de la familia”. Y, en lo que hace a las dimensiones laboral y educativa, el programa no puede sustraerse al contexto socioeconómico del país: “Si bien una amplia proporción de los entrevistados indicó que había experimentado al menos un cambio positivo, que generalmente fue atribuido al Hogar de Cristo, los cambios generalmente referían a aumentos del interés en estudiar o trabajar, o la participación en actividades educativas informales o trabajos en los centros barriales”, señalan los autores del estudio. En cambio, “solo uno de cada cinco entrevistados indicó que había iniciado un programa de educación formal, mientras que uno de cada cuatro comenzó un trabajo fuera del centro barrial”.infobae-image

El motor de estos cambios son las terapias focales y las individuales, el apoyo, la contención y el acompañamiento permanente.

Los Hogares de Cristo se diferencian de otras alternativa terapéuticas por la inserción territorial y la libertad.

“Algunos entrevistados -dice el informe- explicaron que tener libertad de movimiento y poder mantener el contacto con su familia y comunidad les permitía asumir la responsabilidad por su propio proceso de reducción de consumo. Otros dijeron que la inserción territorial de los centros barriales les forzaba a tener contacto con la realidad, ayudándoles a mantenerse más firmes en su proceso de recuperación. Asimismo, las actividades solidarias que se desarrollan en los barrios facilitan la reconstrucción de vínculos y hacen que los participantes se transformen en fuerzas positivas para el desarrollo de la comunidad.”infobae-image

En efecto, y como lo explica María Elena Acosta, referente de la Federación Familia Grande Hogar de Cristo, estos centros surgieron de “la necesidad de crear un espacio donde las personas se sientan parte y no descartados como se venían sintiendo”.

En palabras de sus promotores, los ejes de estos hogares, definidos en su tiempo por el hoy papa Francisco son: recibir la vida como viene, porque toda vida vale, y acompañar cuerpo a cuerpo.

Las personas atendidas son personas con orfandad de afecto y de vínculos de familia, por eso los hogares de Cristo fueron concebidos como una familia para acompañarlos en todas las instancias de su vida, en la formación de vínculos, en el trabajo, en la capacitación, explicó el obispo Carrara.La presentación del informe, desde la parroquia Nuestra Señora de Caacupé (Prensa: Hogares de Cristo)

El padre Pepe Di Paola explicó por su parte que el Hogar de Cristo es fruto de la discusión entre los curas villeros en los años 98, 99, 2000, cuando se fue construyendo una nueva propuesta de parroquia popular, definida “por la participación activa de la gente del barrio que deja de ser sólo objeto de una tarea para ser sujeto”.

Estos hogares son consecuencia de pensar una parroquia que no deje afuera a nadie, dijo.

Literalmente, se dividió en dos una capilla y así nació el primer Hogar de Cristo, para contener a los chicos víctimas del paco. La experiencia de Caacupé se fue extendiendo a otros barrios de la Capital, de provincia de Buenos Aires y finalmente, a todo el país.infobae-image

“El vecino se volvió capillero y organizador de comedores. La decisión fue: a estos jóvenes no los vamos a derivar. Tienen que encontrar su lugar acá. Luego puede haber derivaciones si es necesario, pero el mensaje es: sos parte de la comunidad de la Iglesia. Acá podés empezar tu camino de recuperación”, dijo Di Paola.

El sacerdote, que es uno de los coordinadores del Equipo de Sacerdotes de Villas de Capital y Gran Buenos Aires y de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones de la Conferencia Episcopal Argentina, valoró el informe presentado porque pone en evidencia aspectos del trabajo que a veces no son fáciles de evaluar por quienes están en el día a día de la tarea.

“Esta investigación nos ayuda mucho para mejorar la calidad de nuestros centros barriales”, aseguró.infobae-image

Di Paola también comentó que durante la cuarentena, los Hogares de Cristo siguieron funcionando, con las medidas de aislamiento necesarios, pero sin interrumpir sus tareas. Algo fundamental considerando que el consumo de drogas se acentuó por la inactividad forzada.

Los primeros centros se iniciaron con gente de buena voluntad, gente que quería ayudar, evoca Di Paola. Se fueron armando estructuras a partir de los recursos disponibles.

Cuando desde el Estado se valoró la eficacia del enfoque territorial de los Hogares, se inició una cooperación e incluso la creación de las Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAACS) del Sedronar se inspiró en este modelo.Prensa: Hogares de CristoPrensa: Hogares de Cristo

Surgió incluso una cooperación, explicó Di Paola, ya que si una persona va directamente al Sedronar a tramitar una beca o una internación, tiene ante sí un largo camino burocrático que muchas veces lleva a desistir. que permitieron que los Hogares de Cristo contaran con gente dedicada a full a la tarea.

“No todos los centros tienen convenios, aunque debería ser así. Creemos que Sedronar debería apoyar a todos los centros”, concluye.

Para leer nota original: https://www.infobae.com/sociedad/2021/02/24/hogares-de-cristo-el-estado-reconocio-la-eficacia-de-nuestro-abordaje-en-adicciones/

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Un informe de la UCA muestra mejoras notables en en el trabajo con adictos en villas

Se trata de los 200 centros del Hogar de Cristo que reciben a adultos, jóvenes y niños con problemas de adicción. Se revelaron mejoras en las necesidades básicas y una reducción en el consumo, con impacto social positivo.

Los curas villeros presentaron este 23 de febrero el informe sobre el impacto que tiene en la comunidad el Hogar de Cristo, una red de 200 centros barriales que trabaja junto a gente vulnerable en la recuperación de las adicciones, de manera integral.

El evento tuvo lugar en la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, en la Villa 21-24 de Barracas, donde en 2008  y con el empujón del entonces cardenal Jorge Bergoglio se fundó el primero de los centros asistenciales.

La investigación fue realizada a través de un convenio entre la Facultad de Económicas de la UCA y la Federación Familia Grande Hogar de Cristo. Unos 20 mil adultos, jóvenes y niños se tratan en estos centros.

Según los resultados preliminares, a los que pudo acceder PERFIL, el trabajo de los curas con las comunidades barriales permitió que el 94 por ciento de los que concurren al Hogar de Cristo mejoraran su alimentación, que el 50% tuviera una recuperación en su situación habitacional, que el 90 por ciento registrara una mejora en su cuidado personal y que el 79 por ciento -un número alto- redujera su frecuencia en el consumo de alguna sustancia.

Estos datos se suman a otros que muestran el impacto que eso tiene en la sociedad. El 64 por ciento se siente mejor consigo mismo y una gran parte de ellos recuperó o fortaleció su relación con el entorno. Otro dato interesante es que un porcentaje igual, 64, mostró interés por primera vez en estudiar y el 44 por ciento mejoró su situación económica. 

Presentaron el informe la directora de la investigación, Ann Elizabeth Mitchell, junto a Ana Clara Camarotti y el padre José María “Pepe” Di Paola. Coordinó la mesa el Director Ejecutivo de Cáritas Argentina, Nicolás Meyer. Y el anfitrión fue el padre Lorenzo “Toto” De Vedia. 

Los centros barriales del Hogar de Cristo trabajan con la recuperación de adicciones en villas

En un video que resume la actividad en los centros barriales hablan, además, el vicario Gustavo Carrara y María Elena Acosta (de la Federación Familia Grande). “Cuando uno empieza, lo primero que recibe es al joven y con el tiempo llegan los hijos. Ahí nos empezó a interpelar el poder agacharnos y poder acompañar a esos niños que no pueden ir a la escuela, no pueden tener relación con sus padres, y enseñar a los padres a ser padres”, explicó Acosta.

En la Ciudad de Buenos Aires está la mayor cantidad de centros, unos 23. Surgieron como respuesta a la preocupación de los curas villeros por las consecuencias letales de la crisis económica en los barrios más vulnerables y el incremento notable en el consumo de pasta base de cocaína, más conocida como paco. 

El San Hurtado fue inaugurado en 2008 y el Carlos Mugica en 2009 y atienden las necesidades de la villa 21-24/barrio Zavaleta y la villa 31, respectivamente. San Alberto Hurtado se encuentra en la  periferia del barrio Zavaleta, mientras que Carlos Mugica, está dentro de la villa. Los centros barriales de Bajo Flores, Don Bosco (creado en 2011) y San Francisco y San José (creados en 2014), están en las cercanías de la villa 1-11-14, a excepción de San José que está en el barrio de Flores. San Cayetano y Negro Manuel, que iniciaron sus actividades en 2014 y 2016, respectivamente, se encuentran más alejados de los barrios informales. San Juan Pablo II y San Expedito, que se ubican en el límite del conjunto de villas de Soldati, comenzaron a trabajar en 2014 y 2017, respectivamente.

Los dos centros barriales más nuevos, Virgencita de Luján y Don Orione de Piedra Buena, creados en 2017 y 2018, responden a las necesidades de la población de la villa 15, barrio Piedra Buena, Lugano y Las Antenas. El primero se encuentra dentro de la villa y el segundo en su periferia, de acuerdo a un extracto del informe al que accedió PERFIL.

Para leer nota original: https://www.perfil.com/noticias/actualidad/un-informe-de-la-uca-muestra-mejoras-notables-en-en-el-trabajo-con-adictos-en-villas.phtml

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Un informe presenta logros y desafíos de los Hogares de Cristo

En una conferencia de prensa se presentó el informe “Evaluación de impacto integral de los Centros Barriales del Hogar de Cristo”. Pbro. Di Paola: “Lugares de esperanza para tantos descartados”.

Periodistas y comunicadores asistieron virtualmente este martes 23 de febrero a la conferencia de prensa en la que fue presentado el informe “Evaluación de impacto integral de los Centros Barriales del Hogar de Cristo”, que expone los resultados de una investigación a cargo de la doctora Ann Elizabeth Mitchell, investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA). 

La actividad estuvo encabezada por la doctora Mitchell, con comentarios a cargo de Ana Clara Camarotti, doctora en Ciencias Sociales, magíster en Políticas Sociales, especialista en Planificación y Gestión de Políticas Sociales, licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y docente universitaria; y del presbítero José María Di Paola, uno de los coordinadores del Equipo de Sacerdotes de Villas de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires. Ejerce el mismo papel en la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones de la Conferencia Episcopal Argentina.

La presentación comenzó con palabras del presbítero Lorenzo de Vedia, quien destacó la trayectoria del Hogar de Cristo. Nicolás Meyer, director ejecutivo de Cáritas Argentina, fue el moderador del encuentro.

La doctora Mitchell destacó el carácter interdisciplinario de la investigación, y mencionó especialmente a los investigadores del equipo, agradeciendo en particular a los jóvenes que asisten a los Hogares de Cristo, porque “sin su ayuda esta investigación no hubiese sido posible”.

Seguidamente, fue presentado un video en el que se relata la trayectoria de este proyecto a través de los años y la actualidad de la Federación Familia Grande Hogar de Cristo en la Argentina.

Hogar de Cristo
La Federación Familia Grande Hogar de Cristo es una red de centros barriales que tienen como finalidad dar respuesta integral a situaciones de vulnerabilidad social y consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, poniendo en primer lugar a la persona y sus cualidades. Creada en 2008 en los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires, la federación hoy nuclea 190 centros barriales en 19 provincias de la Argentina. 

El sello es “recibir la vida como viene, porque toda vida es sagrada y valorada”. El otro principio es “acompañar cuerpo a cuerpo, poner en práctica la Parábola del Buen Samaritano, ayudar a los hermanos que sufren para que se pongan de pie”, con un Jesús “cercano, presente y amigo, que nos abraza”. Esto, destacó monseñor Carrara, es una familia, que acompaña la dimensión educativa, los emprendimientos laborales. El Hogar es una familia que recibe, abraza y acompaña, donde los chicos se sienten parte, se adueñan de ese lugar para sentarse en una mesa, y en lo cotidiano se va haciendo un espíritu de familia. Son protagonistas centrales en la familia del Hogar de Cristo.

El informe
El informe presentado este martes a través de la plataforma Zoom, y transmitido en vivo por YouTube expone los resultados de una investigación que buscó comprender cómo los centros barriales contribuyen al desarrollo humano e inclusión social de las personas que ellos acompañan. 

El trabajo de investigación se realizó en el marco de un convenio entre el Departamento de Investigación Francisco Valsecchi de la Facultad de Ciencias Económicas de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) y la Federación Familia Grande Hogar de Cristo con la participación de un equipo interdisciplinario e interinstitucional. 

Para el estudio, se utilizó el desarrollo humano integral como marco conceptual, concepto tomado de cuatro encíclicas papales, y se aplicó un método de evaluación cualitativa que busca obtener evidencia sobre los efectos causados por una intervención social en base a los testimonios de las personas beneficiadas. Los resultados de la investigación muestran que la integralidad del accionar del Hogar de Cristo produce cambios positivos en múltiples dimensiones de la vida, especialmente en la satisfacción de las necesidades básicas, la reducción de consumo de sustancias y la dimensión relacional. 

Se tuvieron en cuenta múltiples dimensiones de la persona; métodos de análisis de múltiples disciplinas; la importancia de comprender los diversos caminos en los procesos de desarrollo; la evaluación de la dimensión espiritual a través del análisis de los cambios en la relación con uno mismo, con otros y con el territorio; y la relevancia de evaluar el cambio de personal en el contexto de la transformación social y comunitaria.

Por otra parte, en los testimonios se identificó una cadena causal en la que el motor de cambio fueron las sesiones grupales; como resultado intermedio, la posibilidad de escuchar experiencias de otros, y a partir de allí poder expresar sentimientos propios; y un impacto final en la frecuencia de consumo reducida.

La investigadora destacó especialmente la dimensión relacional-espiritual, que “capta la esencia de los centros barriales”. La importancia de la espiritualidad, aclaró la doctora Mitchell, no se limita a prácticas como la oración conjunta, la bendición de la mesa, misas o peregrinaciones. Lo central, señaló, “es la transformación de las relaciones mediante la creación de un entorno que favorece los vínculos y la valoración individual”.

El estudio se realizó en tres instancias: comenzó a mediados de 2019, con entrevistas con 18 personas que trabajan en Centros Barriales de CABA y otros líderes, desde allí se desprendió una hipótesis inicial; la segunda instancia constó del apoyo en el proceso de carga de datos; y a fines de 2019 se realizaron 36 entrevistas a personas que asisten a los centros y grupos focales. La investigación fue interrumpida en marzo a raíz de la pandemia.

Mediante un proceso transparente de codificación de datos cualitativos, el estudio identificó los cambios que los participantes experimentaron en sus vidas en seis dimensiones -satisfacción de necesidades básicas, salud, relaciones, situación judicial, educación y trabajo- desde el inicio del contacto con el centro barrial y los factores que influyeron en esos cambios. 

Los resultados
Los resultados del análisis cualitativo muestran que -salvo unas pocas excepciones- los participantes perciben una mejora general en su bienestar desde que empezaron a concurrir al centro barrial y atribuyen la gran mayoría de los cambios positivos al accionar del Hogar de Cristo. 

Entre las dimensiones en las que se observan mejoras se destacan la alimentación, la solución habitacional, la reducción de consumo de sustancias psicoactivas, siendo este el factor más nombrado como desencadenante de los cambios positivos en otras dimensiones de la vida.

Por otra parte, se destacan la inserción territorial y la libertad como dos aspectos que diferencian al Hogar de Cristo de otras alternativas terapéuticas y que también son valorados por los participantes. En la dimensión relacional, los cambios más generalizados son las mejoras en la autoestima y en la relación con personas del entorno y miembros de la familia. 

Además, casi la mitad de los entrevistados indicaron que habían experimentado una mejora en su situación judicial, y en las dimensiones de educación y trabajo, si bien una amplia proporción de los entrevistados indicó que había experimentado al menos un cambio positivo, que generalmente fue atribuido al Hogar de Cristo, los cambios generalmente referían a aumentos del interés en estudiar o trabajar, o la participación en actividades educativas informales o trabajos en los centros barriales. 

En síntesis, los resultados de la investigación muestran que la integralidad del accionar del Hogar de Cristo pone en movimiento cambios en múltiples dimensiones de las vidas de las personas que concurren a los centros barriales. Cambios en la satisfacción de las necesidades básicas dan lugar a cambios en la salud, la salud abre paso a cambios en las relaciones y la dimensión judicial influye en las oportunidades en el mercado laboral. Esta evidencia sobre las relaciones sinérgicas entre dimensiones parece dar sustento a los abordajes comprehensivos en el tratamiento de las adicciones que actúan simultáneamente sobre dimensiones relacionales, sociales, recreativas y ocupacionales. 

Los desafíos
No obstante, para poner los tan contundentes resultados en perspectiva es importante tomar en cuenta que las personas suelen llegar a los centros barriales en situación de vulnerabilidad extrema. Una de cada cinco se encuentra en situación de calle, más de la mitad consume más de una sustancia adictiva y nueve de cada diez no ha finalizado el nivel secundario. 

Por otra parte, el análisis de las trayectorias de una muestra de personas que concurren a los centros barriales de la Ciudad de Buenos Aires indica que cerca de un tercio de las personas relevadas dejaron de concurrir al Hogar de Cristo dentro de los tres años desde la fecha del primer contacto y la mayoría lo hicieron durante los primeros dos años. Es razonable suponer que una amplia proporción de estas personas abandonó su proceso de recuperación. 

El hecho de que más del 40% de los que se desvincularon del programa estaba inicialmente en situación de calle, sugiere que la mayor vulnerabilidad inicial pareciera influir sobre la discontinuación del vínculo. La falta de información más completa sobre la duración de los vínculos y los motivos de desvinculación muestran la vital importancia de redoblar los esfuerzos para consolidar el sistema de relevamiento, sistematización y análisis de datos sobre las personas acompañadas por los centros barriales. 

El proceso de diálogo con referentes del Hogar de Cristo sobre los resultados de la investigación permitió identificar aprendizajes y áreas en las que se necesita reexaminar los procesos de acompañamiento y fortalecer el trabajo articulado con el Estado. 

Primero, el análisis de las trayectorias femeninas llevó a la reflexión sobre la importancia de desarrollar mejores espacios donde ellas (y sus hijos) pueden albergarse, así como respuestas específicas de acompañamiento para las mujeres en las dimensiones de educación y trabajo. 

Segundo, el análisis de la dimensión de trabajo demostró que falta avanzar en el diseño de políticas públicas que tomen en cuenta las trayectorias de vida de los jóvenes vinculados con el Hogar de Cristo, como emprendimientos productivos y cooperativas con fines sociales. 

Los resultados en general dan sustento y clara evidencia de la efectividad del abordaje integral propuesto por el Hogar de Cristo y la conveniencia de intensificar el respaldo provisto por el sector público e identificar nuevas formas de acción en conjunto prioritarias mirando hacia el futuro.

Trataremos de hacer mejor nuestro Hogar de Cristo, esperanza de tantos
Sobre el final de la presentación, el presbítero Di Paola se refirió al Hogar de Cristo como “fruto de las discusiones, debates que tuvimos los curas villeros en los años 98, 99, 2000, y que fue constituyendo una nueva propuesta que tenía que ver con una parroquia popular, donde la religiosidad popular era el eje pero se apuntaba muchísimo a la organización dentro del barrio”, recordó. 

“Plantear esta parroquia popular no es la contractara de una Iglesia oficial, sino más bien en el sentido de una participación activa de la gente del barrio, como sujeto, y no como objeto de la evangelización”. 

“La parroquia de Caacupé marco un camino. El Hogar de Cristo no hubiese nacido sin ese primer cambio de mirar la parroquia de esa manera. Es una consecuencia de pensar una parroquia popular donde nadie podía quedar afuera. En ese itinerario nos preocupamos por la salud, por la educación, acompañamos iniciativas de la vida cotidiana de los vecinos. La crisis de 2001 le dio fuerza a esta organización. Hubo grupos previos que iban en la línea de la recuperación sin saber bien cuál era el camino”, relató.

“En 2008, iniciar el Hogar de Cristo partió de una decisión de que los jóvenes no fueran derivados, sino que encontraran su punto de encuentro con Dios, con los otros, con ellos mismos, en el barrio. Nosotros tenemos que darles ese espacio, ese lugar. Por eso se abrió ese centro San Alberto Hurtado. Para poder decir: ‘Vos sos parte de esta comunidad y acá podes iniciar tu camino de recuperación’. Le fuimos dando forma con los años, con la gran intervención de tantos curas, laicos y gente que le puso su acento, su modo, y hoy podemos decir que damos respuesta a un montón de gente, no sólo en la ciudad de Buenos Aires sino en el Gran Buenos Aires y en el interior del país. Nacida de una iglesia popular y transmitida al resto del territorio con ese mismo espíritu”.

“Este tipo de informes nos ayudan muchísimo a ver muchas cosa que en el esfuerzo cotidiano no logramos ver, nos ayuda a ver las cosas que tenemos que seguir profundizando, y aquellos desafíos que tenemos por delante, por eso son muy valiosas estas evaluaciones para el equipo y para analizarlo en cada centro en particular. Creo que esta investigación nos va a ayudar muchísimo en este camino de tratar de mejorar la calidad de nuestros centros barriales. Estaremos tratando de hacer mejor nuestro Hogar de Cristo al que amamos, porque sabemos que es la esperanza de tantos jóvenes y adultos de nuestros barrios”, puntualizó.+

Para leer nota original: https://www.aica.org/noticia-fue-presentada-la-evaluacion-de-impacto-integral-de-los-centros-barriales-del-hogar-de-cristo

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Los Hogares de Cristo, una iniciativa de los curas villeros para población vulnerable

“El Hogar de Cristo es una consecuencia de pensar una parroquia popular, donde nadie podía quedar afuera. En ese itinerario nos preocupamos por la salud, la educación y otros aspectos de la vida cotidiana”, explicó el padre José María “Pepe” Di Paola, coordinador del Equipo de Sacerdotes de Villas de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires.

Los denominados Hogares de Cristo, una iniciativa pastoral de los curas villeros para población vulnerable, producen “cambios positivos en múltiples dimensiones de la vida” a quienes concurren a algunos de los 190 centros barriales que ya funcionan en 19 provincias argentinas y por los que ya pasaron más de 20 mil personas.

Así se desprende de un informe presentado este martes –en forma virtual- sobre la evaluación del impacto integral de los centros y los procesos de desarrollo humano e inclusión social de personas en situación de vulnerabilidad social y consumo problemático de sustancias psicoactivas, que se dan hacia el interior de los hogares.

“El Hogar de Cristo es una consecuencia de pensar una parroquia popular, donde nadie podía quedar afuera. En ese itinerario nos preocupamos por la salud, la educación y otros aspectos de la vida cotidiana. Es una iniciativa nacida de una iglesia popular y que ahora está en toda la Argentina”, explicó el padre José María ‘Pepe’ Di Paola, uno de los coordinadores del Equipo de Sacerdotes de Villas de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires, y de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones del Episcopado.

En pandemia "creció y se profundizó" el problema de las adicciones y "no se pensó en el tiempo libre de los jóvenes y adolescentes que en los barrios se juntaban igual", dice el padre Pepe.En pandemia “creció y se profundizó” el problema de las adicciones y “no se pensó en el tiempo libre de los jóvenes y adolescentes que en los barrios se juntaban igual”, dice el padre Pepe.
Además del padre Pepe, participaron de la presentación Ann Elizabeth Mitchell, directora del proyecto, doctora en Economía de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, y profesora de la Universidad Católica Argentina (UCA); y Ana Clara Camarotti, doctora en Ciencias Sociales y docente universitaria.

La presentación se realizó en forma virtual desde la parroquia de Caacupé, en la villa 21-24 del barrio porteño de Villa Lugano, donde funciona el centro barrial Hurtado.

“Los resultados de la investigación muestran que la integralidad del accionar del Hogar de Cristo produce cambios positivos en múltiples dimensiones de la vida, especialmente en la satisfacción de las necesidades básicas, la reducción de consumo de sustancias y la dimensión relacional”, indicó el informe difundido hoy a la prensa.

Al respecto, el padre Pepe dijo que durante la pandemia y el aislamiento social “creció y se profundizó” el problema de las adicciones y “no se pensó en el tiempo libre de los jóvenes y adolescentes que en los barrios se juntaban igual”.

El informe es el resultado de un trabajo de investigación realizado en el marco de un convenio entre el Departamento de Investigación Francisco Valsecchi de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA y la Federación Familia Grande Hogar de Cristo, con la participación de un equipo interdisciplinario e interinstitucional.

La federación Familia Grande Hogar de Cristo congrega 190 centros barriales en 19 provincias.
Los centros barriales del Hogar de Cristo están emplazados en barrios populares y villas de emergencia y trabajan en forma articulada con Cáritas Argentina, con la finalidad de “dar respuesta integral a situaciones de vulnerabilidad social y consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, poniendo en primer lugar a la persona y sus cualidades”, explicaron sus creadores.

La federación Familia Grande Hogar de Cristo, que los nuclea, fue creada en 2008 en los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires, y actualmente congrega 190 centros barriales en 19 provincias argentinas que ya recibieron a más de 20 mil personas hasta ahora.

El informe pone en evidencia “la necesidad de desarrollar respuestas específicas de acompañamiento para las mujeres, diseñar políticas de empleo que tomen en cuenta las trayectorias de vida de los jóvenes en contextos urbanos de marginalidad y fortalecer el trabajo conjunto entre el sector público y la sociedad civil en el diseño de políticas de prevención y tratamiento de adicciones”.

Para leer nota original: https://www.telam.com.ar/notas/202102/545431-los-hogares-de-cristo-una-iniciativa-de-los-curas-villeros-para-poblacion-vulnerable.html

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“Somos familia”: Los Hogares de Cristo comienzan a transitar el 2021

En el comienzo de un nuevo año, el equipo de Familia Grande Hogar de Cristo envió una carta a la comunidad.

En una carta dirigida a la comunidad, la Familia Grande Hogar de Cristo hace un repaso del 2020, un año “completamente único” que “como plataforma de despegue para no aflojar en este 2021 nos entrenó bastante bien”. 

En primer lugar agradece por el año que pasó en el que, reconoce, “veníamos muy entusiasmados, preparando con muchas ganas el Encuentro Nacional que hacemos todos los años en el mes de marzo, que para nosotros es fundacional”.

“Por otro lado, por primera vez, organizamos un encuentro apoyados en la convocatoria del papa Francisco para pensar una nueva economía: la ‘Economía de Francisco’, por san Francisco de Asís, economía que tiene un rostro más humano”.

El lema para 2020, recordaron, era “Somos Iglesia”, y tenía la intención de “poder reconocernos como signo de la Iglesia que soñamos”. 

“En eso estábamos y de pronto se cortó la presencia, el trabajo cercano con el otro y los encuentros, las pasantías, los recorridos, las visitas, las charlas y conferencias, en fin, todo lo que hacemos para ser lo que somos. Hubo que frenar de golpe y primero darse cuenta, tomar conciencia”.

Luego llegó el miedo, y como reacción, decidieron “caminar con otros”. Para ello se reunieron y pusieron como prioridad tres ejes: “Reforzar la asistencia alimentaria; cuidar a los mayores y a toda la población de riesgo ya sea en situación de calle o consumo problemático; y abrir casas de aislamiento”.

Fieles al lema de “recibir la vida como viene”, los Centros “salieron al encuentro demostrando que para la organización lo único innegociable, más allá de cualquier adversidad, es soltarle la mano a la gente y quedarnos en zona de comodidad”.

“Fuimos muy conscientes de que la cuarentena que se vivió en Europa iba a ser muy diferente a la de Latinoamérica con sus villas, el hacinamiento, el trabajo en negro, el trabajo informal, la pobreza y la indigencia, la malnutrición, las debilidades educativas, infraestructurales, sanitarias”.

“Supimos que iba a ser muy importante tener un lugar de puertas abiertas porque sería imposible que la cuarentena ‘se aguantara’ en las condiciones en que vive la gente en los barrios”, reconocieron, y mirando para atrás, consideraron que “reaccionamos tarde, podríamos haber planteado esto antes de que se declarara la pandemia y preparar todos los lugares, pero se dio de esa manera y estoy convencido de que se está haciendo mucho y muy bien”.

En ese sentido, expresaron su agradecimiento “a cada uno de los que tomaron decisiones. Se organizaron y fueron a tirar redes de contención, fieles a nuestra mirada que siempre está en los más pobres, en los últimos, en los más solos”. 

“Nosotros teníamos la experiencia de una práctica cotidiana y no fue novedoso para nuestros espacios ponernos al servicio del más necesitado. Entonces brotó la entrega, la actitud de servicio junto con el conocimiento que se tiene de nuestros lugares, su gente, los barrios, sus problemas y sobre todo, el amor que se tiene a la gente y a la tarea. En todos los Centros se pudo transformar ese amor en creatividad y se reconfiguraron las actividades, las funciones y todos están, aún hoy, arrastrando el cansancio, pero rompiéndose el lomo creativamente por amor y apostando al diálogo para resolver la infinidad de dificultades que fueron apareciendo”.

“Estamos muy felices por la respuesta institucional, y por la altura y la grandeza de las respuestas de los Centros. Hubo que ser valiente y capacitarse porque muchos lugares instituidos planteaban el cierre de todo y hubo discusiones, debates y posiciones diversas que se reconciliaron para dar la respuesta del amor que es presencia, con distanciamiento, barbijo y alcohol, pero buscando lo que hace falta y poniéndolo en manos del que lo necesita”.

Hoy, pese al cansancio y a las dificultades, “quienes integramos los Centros Barriales estamos asumiendo funciones del Estado, de un Estado que se corrió o cambió de papel en la emergencia”. El esfuerzo de la gente de los Centros, afirmaron, “es invaluable. Es conmovedor”.

“Nosotros como organización rezamos mucho a Dios para que esto nos una. Si algo está demostrando esta desgracia mundial es que nadie se salva solo. Necesitamos estar en sintonía como sociedad. Esta gran crisis nos pone a mirar con ojos nuevos nuestras verdades científicas, nuestras instituciones, nuestros modos de ser. Sueño con que no se nos ocurra hacerlo mirando cada uno nuestro ombligo, sino al otro, al hermano, al bien común por sobre el confort personal, aunque nos cueste mucho y sea tan difícil”.

Recordando la frase “la alegría de saber que no estamos solos”, advirtieron que “si nos quedamos encerrados en nosotros mismos, desesperamos, sentimos que somos locos batallando contra molinos de viento. Pero cuando sabemos que somos muchos los que queremos otro mundo, que le estamos poniendo el cuerpo, que seguimos sosteniendo lo alimentario, el cuidado de la salud, el cuidado de las personas —y siempre con el eje puesto en la persona y con el más pobre en el centro— recibimos oxígeno lo que nos permite seguir empujando para adelante”.

En ese sentido, valoraron la fortaleza de una comunidad “que quiere a los vecinos, que hacen que los vínculos, el tiempo y el cuidado se mantengan. Si miramos a quienes hacen la marcha anticuarentena, ninguno es pobre. Creo que la fuerza y la sabiduría más grande la atesoran nuestros barrios que aman la vida porque es lo único que tienen y es lo que más valoran, aunque las estadísticas muestren que la pierden más fácilmente que otros argentinos, por las condiciones sociohistóricas de su existencia, entre otras cosas”.

“Por eso también agradecemos muchísimo a los pobres, a nuestras barriadas, que son muy pacientes y hacen que todo pueda sostenerse. Algo que observamos y compartimos muchos de nosotros es que ellos son los que más valoran la vida, la de ellos, la de sus hermanos, la de sus vecinos”, insistieron.

Por otra parte, destacaron el papel de “los chicos y chicas que pasaron por situaciones de consumo o violencia de género” y hoy ocupan un lugar fundamental: “Ahí están, se pusieron al hombro todo, desde cocinar, repartir las viandas, cuidar a los abuelos, armar los lugares de aislamiento, se unieron ante el sentido de la vida: ayudar a los demás”. 

Luego se refirieron a la Universidad Latinoamericana de las Periferias, una gran novedad, llevada adelante por el presbítero Carlos Olivero y Sofía. Al respecto, hubo una presentación del sacerdote en el Vaticano.

También se centraron en el desafío de las “3T” (Techo, Tierra, Trabajo): “El Área de Abordaje Pastoral y Comunitario de las Adicciones en Cáritas Argentina, en una nueva estructuración de la Institución, queda fusionada con las áreas de Economía Social y Solidaria, y la de Vivienda, como una nueva área: Desarrollo Humano Integral. La intención de esta renovación estructural es generar un camino juntos en este proceso”.

“Este año se fueron federando oficialmente muchos Centros Barriales y es necesario renovar la Comisión Directiva. Queremos que en el nuevo trienio se encuentren más representados tanto el Interior como las mujeres”. En ese sentido, la nueva comisión que proponen para votar en asamblea por los federados es la siguiente: presidente, presbítero José María Di Paola (Centro Barrial Gaucho Gil, La Cárcova, José León Suárez, Buenos Aires); secretario, presbítero Nicolás Angelotti (Centro Barrial San José, Puerta de Hierro, La Matanza, Buenos Aires); vocal, María Elena Acosta, Centro Barrial Hogar Virgen del Carmen, Villa 15, Buenos Aires; tesorera, Beatriz Ballario, Escuela Familia Grande Hogar de Cristo; Comisión Revisadora: Sofía Bordoli (Centro Barrial Hogar de Cristo Nazareth, Gualeguaychú, Entre Ríos); vocal, Ana Campoli, Centro Barrial Madre de la Esquina, Barrio Suárez, y Quique González (Centro Barrial Calle Belén, Casa Luján, Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires; vocal, Romina Roda (Centro Barrial Virgen del Carmen, Yerba Buena, San Miguel de Tucumán).

“Sabiendo que todo puede cambiar de un momento a otro en lo vinculado a las restricciones que vivimos durante la pandemia”, igualmente anticiparon las fechas de la Asamblea de la Federación, el 20 de marzo a las 15 en la Villa Marista de Luján con la modalidad mixta (presencial/virtual); y de una misa el domingo 21 de marzo en la basílica de Luján como festejo presencial para quienes pudieran concurrir.

El lema 2021 será “Somos Familia”, anticiparon, en sintonía con el papa Francisco y el año de San José. “Este será nuestro espíritu de Familia Grande para reflexionar juntos durante 2021 y pronto les acercaremos un texto que profundice esta línea”, aseguraron. “Que 2021 nos encuentre como hasta ahora: juntos, trabajando y unidos por la fe que nos hace hermanos”.+

Para ver Nota original: https://www.aica.org/noticia-somos-familia-los-hogares-de-cristo-comienzan-a-transitar-el-2021

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