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Centro Barrial

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La injusticia de la pobreza y de la marginación no ha sido resuelta aún.Abundan los discursos propulsores de proyectos sin ejecutar, a veces ideológicamente tramposos. Necesitamos al buen samaritano, que no especula sobre posibles soluciones sino que las aplica en silencio. Hay que curar heridas y devolver al asaltado lo que le han robado los salteadores.

(Papa Francisco)

 

  1. El Paco

En cuanto a su origen, los centros barriales nacieron como respuesta al desafío que nos plantea el consumo del Paco. Pero, digamos con claridad que no se trata sólo de un problema de drogas. Así como hace años el Mal de Chagas ponía de manifiesto la miseria del interior del país, el paco denuncia la miseria de las grandes periferias urbanas, y lo más terrible es que hace explotar la marginalidad. El paco es un rostro nuevo de la exclusión.[1]

Ahora bien, mirando más en profundidad podríamos decir que como sociedad hemos dejado en situación de orfandad a miles de chicos y chicas. En el centro barrial nos encontramos habitualmente con huérfanos de amor[2]. Esta es una forma de pobreza que no se puede registrar en términos de ingreso mínimo por persona. Pero existe, es real.

Como sabemos el pan es necesario para vivir. Con esta pequeña palabra queremos simbolizar todo lo que en justicia es necesario para vivir con dignidad –alimento, vivienda, educación, trabajo, etc.–, pero el ser humano no vive solo de este pan. Necesita amor, necesita familia, necesita calor de hogar; depende de que los demás lo traten, al menos, con un poco de misericordia[3].

 

  1. El Centro Barrial (CB)
    • Definición

 

Los centros barriales son puertas de acceso cercanas y amigables para la orientación, contención y atención de personas que se encuentran en situación de sufrimiento social por el consumo de drogas.

Son espacios que cobijan a las personas del barrio, que al vivir en situación de extrema pobreza les resulta difícil, cuando no imposible, acceder a los efectores que prevén los sistemas de salud y acción social gubernamentales.

Los centros barriales brindan apoyo en el sostenimiento a un tratamiento personalizado a lo largo del tiempo, desde donde se parte y a donde se vuelve después de lasdiferentes propuestas terapéuticas. Desde ellos se articula con todos los programas y efectores de los organismos del Estado y de la Sociedad Civil.

Los Centros Barriales, involucran a toda la Comunidad local entendiendo que el consumo de paco en nuestros barrios, no es solamente ‘un problema de drogas’ y requiere de una atención integral para superar la exclusión y la vulnerabilidad social. En ellos se promueven y fortalecen las redes barriales.

También son espacios de reflexión y discernimiento sobre el desafío que el paco nos presenta para poder dar una respuesta adecuada a los / las jóvenes en riesgo y a la comunidad local. Desde estos centros se promueven investigaciones para poder proponer acciones concretas e incidir en la formulación de políticas públicas.[4]

Por otro lado, muchas veces utilizamos imágenes para describirlo: el centro barrial es como el mediocampo de una cancha de fútbol, por allí pasan todas las pelotas o sea la vida va y viene; o bien es como una pista de aterrizaje y despegue desde distintas situaciones a otras situaciones nuevas.

Creemos que las múltiples actitudes y acciones del Centro Barrial se pueden sintetizar en estos tres conceptos: cercanía, gestión y acompañamiento. Y a través de ellos intentaremos dar cuenta tanto de las acciones como de los fundamentos que las movilizan.

 

 

2.2 Cercanía

La mística de trabajo del Centro Barrial hace eje en lo hogareño, en la familia grande que recibe y hace lugar. Y esto hay que entenderlo lo más literal posible. Por ejemplo cuando se acerca un muchacho, se está atento si tiene pareja, si tiene hijos y se empieza a acompañar a toda la familia.

En los centros barriales se busca recibir la vida como vieney hacerle lugar, sin juzgar, sin condenar. Recibir la vida como viene, intentando dar respuesta a esas necesidades que nos están revelando derechos vulnerados: DNI, escuela, vivienda, capacitación laboral, trabajo etc. Recibir la vida como viene también es adaptar nuestras ideas y programas a la realidad y no la realidad a ellos; teniendo presente que la burocracia expulsa, pone trabas; en definitiva, pone en riesgo la vida de muchas personas[5]. La comunidad entera tiene lugar en el centro barrial. Embarazos, nacimientos, causas penales, privación de la libertad, enfermedades, casamientos, bautismos, y hasta fallecimientos. Todo tiene lugar en el centro barrial, todo se vuelve ocasión de acompañamiento. Los centros barriales no tienen un foco exclusivamente psicoterapéutico sino que van desarrollando su actividad al ritmo de la vida que van recibiendo.

En los centros barriales la inclusión es una búsqueda cuerpo a cuerpo. Cada persona es sagrada, ninguna vida está de sobra. Para que la inclusión sea real, no discursiva, es necesario que se plantee el trabajo de modo personal. Hay que mirar las necesidades concretas de cada uno y preguntarse como resolverlas. El trabajo se plantea como un gran esfuerzo para que esa persona puntual resuelva su situación de exclusión grave. Las tareas son tan diversas como las personas, el desafío es la inclusión social, y eso no se logra planteando una estructura rígida, sino ensayando nuevos caminos con creatividad y porque no audacia.

En los centros barriales se da la posibilidad real de un abordaje territorial. Mientras los distintos efectores asistenciales o de salud se ocupan de una parte –por ejemplo el hospital de una herida grave-, el centro barrial tiene una mirada de conjunto sobre los chicos y chicas que acompaña. Busca conocer su casa, su familia, la red de contención con la que cuenta, etc. Esto es así porque precisamente está en el barrio. Paralelamente, el mismo barrio se va tornando cada vez más protagonista de la inclusión social de los chicos y las chicas. Lo hace a través del grupo de familias, o de la cooperativa de acompañantes pares que salen a buscar a los chicos donde ellos están y los asisten en distintas situaciones, o lo hace a través de vecinos y vecinas u organizaciones sociales comunitarias que acercan a los chicos y chicas al Hogar de Cristo.

Nos gustaría señalar una nota más de la espiritualidad que anima nuestros centros barriales. Nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica, psicológica y social. Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la alegría de vivir.[6]El desafío del paco nos presenta rostros y nombres muy concretos, vidas que se van apagando poco a poco. Nosotros trabajamos con la convicción de que incluir y hacer lugar a los que nunca han tenido lugar es el camino a recorrer. Camino que se torna decisivo a la hora de ayudar a engendrar sentidos en la historia de estos chicos y chicas. No se trata de otra cosa que de ayudar a encender, a despertar la pasión por vivir.

Ahora bien, digamos algo sobre quienes tenemos el deseo de acompañar a las personas en situación de sufrimiento social a causa de las drogas. Hay en nosotros una vocación de servicio, de búsqueda de proximidad a estos chicos y chicas. Obviamente esto no es fácil en un contexto cultural de fragmentos e hiper-especializaciones, que nos llevan a decir con demasiada facilidad: “esto a mi no me corresponde”.

Pero a poco de recorrer este camino nos descubrimos ante la posibilidad que nos da la vida de crecer en humanidad, es que el ser humano se humaniza en la medida que descubre y acoge a su prójimo que sufre como a sí mismo. Y nos va resultando cada vez más evidente que la persona que sufre y es acogida revela a quienes la acogen con amor nuevas profundidades de su humanidad. Les revelan que poseen un ‘corazón’, y que ese corazón sólo encuentra felicidad en el amor.”[7]

El Centro Barrial comienza en la escucha atenta, abierta y cariñosa de aquellos que sufren las consecuencias de la exclusión grave. Por eso es indispensable hablar de cómo debe y cómo no debe ser realizada la escucha.

 

La escucha

La escucha debe ser abierta, sincera e inespecífica. Si bien estamos hablando en un curso sobre nuestras prácticas asistenciales en el marco del desafío del paco, el Centro Barrial es un centro de escucha y como tal es inespecífico. Esto quiere decir que no se va a centrar en resolver exclusivamente problemas de drogas. El foco del Centro Barrial no es la droga, sino la vida.La droga aparece en el relato, ya sea como causa o como consecuencia. Pero la escucha debe centrarse en la totalidad de la persona, en sus relaciones dañadas, en sus dificultades para la inclusión, en la falta de vivienda, trabajo, documentos… sin descuidar el marco terapéutico.

La escucha implica también la captación de lo implícito, esto es la actitud de apertura para escuchar cosas que no se llegan a decir. Ser capaz de detectar y problematizar cuestiones que están más escondidas en cada persona que se acerca. Muchas veces detrás de la demanda explícita hay otra más oculta, o una serie de problemáticas que están realmente dificultando el proceso de esa persona: una situación de violencia, una enfermedad que no está siendo atendida… Es por ello que la escucha debe ser indefinida, la droga o la necesidad urgente, son la puerta de entrada al acompañamiento.

Condicionamientos para la escucha

Es en el diálogo amoroso en el que podemos establecer un vínculo con los que sufren, que provea de respeto y no de autoridad. Que provea confianza, intimidad, capacidad de admitir errores y arrepentimiento, deseo de cambio. Debe ser un espacio libre de prejuicios. Queremos en este sentido hacer algunas advertencias sobre los posicionamientos que limitan la apertura a la escucha:

Falsas ideas de lo religioso

Algunas miradas espiritualistas cercenan la escucha al relativizar la realidad en pos de una realidad espiritual superior. La creencia que subyace es que con la oración se pueden solucionar todos los problemas. En este posicionamiento no hay lugar para la ciencia, ni para otras mediaciones humanas. Un ejemplo a modo de caricatura: a un enfermo de tuberculosis el sacerdote o el pastor lo mandan a rezar, pero si quiere curarse debe tomar los medicamentos que le prescribe el médico.

Defectos profesionales

El posicionamiento de poder, la asimetría en la relación, la diferenciación de clase social, el lenguaje utilizado, son barreras que se pueden interponer y cercenar la escucha. El sub-lenguaje profesional (teológico, filosófico, psicológico, médico, etc.) implica categorizaciones, modos de comprender lo que se escucha, y de valorar la información que se recibe. Otro ejemplo, también a modo de caricatura: ante un psicólogo, el “paciente” cuenta que vive en la calle porque no es recibido por su padre, y en vez de escuchar el problema de la vivienda el psicólogo comienza a indagar sobre sus relaciones parentales.

Marco institucional

El lugar de la escucha no es menor, muchas veces la escucha se coarta por el lugar en donde se ejerce. Por más que el trabajador social pretenda algo distinto, la escucha en la guardia del hospital está más orientada a liberar la cama que a encontrar soluciones verdaderas para la persona, o al menos la realidad hospitalaria condiciona la posibilidad de encontrar soluciones. El marco institucional, que en este caso es el hospital, no da el tiempo necesario y por lo tanto no permite escuchar como se debe.

Nuestra subjetividad

Si bien el que escucha siempre lo hará subjetivamente, es importante poder hacer conscientes algunas dificultades. El apuro, la impaciencia, las angustias, los estados de ánimo en general condicional la escucha. A veces las proyecciones de la propia interioridad condicionan también, hacen que el que escucha vea claro el próximo paso que debe dar aquel a quien está escuchando, pero éste no está preparado aún para dar ese paso, o no puede ver esa opción por el momento, o no es el paso que él debe dar. Ese tipo de proyecciones no son buenas para nadie. Un ejemplo de caricatura: el que ejerce la escucha sufrió durante la adolescencia la necesidad de liberarse de una madre sobreprotectora, probablemente descubra en sí mismo la tendencia a sugerir esa misma liberación cuando escuche problemas similares. Por esta razón, entendemos que, para poder escuchar bien, es necesario poder escucharse también a uno mismo, estar conectado con la propia interioridad.

Seguir la escucha es todo un arte, es preciso recabar toda la información posible para luego establecer un juicio. Cuanta más información juntamos, más probabilidades tendremos de juzgar bien. No se trata de un juicio moral ni nada por el estilo, sino de discernir el tiempo oportuno. A veces la escucha es un fin en sí mismo, cuando el que se acerca busca contención, calidez. Una de las dificultades mayores que tienen las personas que sufren la exclusión grave, es la imposibilidad de encontrar alguien que los escuche con tiempo y con cariño. A veces, con solo sentirse escuchada la persona encuentra los recursos interiores para salir adelante.

Pero otras veces la escucha debe desembocar en gestiones concretas, a fin de encontrar soluciones a los problemas. Es en este momento cuando empieza la gestión de recursos.

 

2.3 Gestión

 

Para nosotros es importante destacar que el Hogar de Cristo en general y sus centros barriales en particular no buscan competir con nadie –por ejemplo CESAC, Caritas, Defensorías zonales de menores, Centros de día, Comunidades terapéuticas, etc.–. No compite, ni reemplaza ningún efector de inclusión social, todo lo contrario, se potencia a través de ellos y a nuestro humilde entender también potencia su valioso e irremplazable trabajo.

La gestión de recursos y servicios puede ser tan variada como la misma realidad exige: puede llevarnos a la tramitación de un DNI, de subsidios, de planes y programas; controles de salud; acompañamiento de un embarazo; realizar mediaciones familiares; regularizar problemas judiciales; encontrar respuestas habitacionales, laborales, educativas; entre otros.

Por gestión entendemos el arte de trazar la estrategia para lograr objetivos que no están cercanos. Muchas veces para lograr un objetivo se deben realizar muchos trámites, y recorrer muchas dependencias.

Hemos notado que existen muchas guías de recursos, y que están disponibles. Sin embargo, en el Hogar de Cristo entendemos que entre los que allí figuran son pocos los recursos que funcionan para nuestra realidad. Habitualmente nos encontramos con que las situaciones de complejidad que presenta el desafío del paco ponen a prueba esos recursos. Las características de la exclusión, los hábitos de consumo del paco, hacen de esos recursos inadecuados o insuficientes.

A veces la gestión nos lleva a intentar seducir a las distintas instituciones de que hay que reformarse para hacer lugar, para dar respuesta. Siempre el motor de la búsqueda es el problema puntual de una persona concreta, pero esos problemas se repiten, los vemos aparecer una y otra vez. Esa frecuencia nos lleva a entender cuál es el cambio que debería darse. Casi siempre encontramos gente bien dispuesta que acepta el desafío. Muchas veces nos ha pasado que los problemas concretos de las personas que acompañamos han generado recursos que antes no estaban.

A la larga terminamos transitando aquellos caminos en los que encontramos gente dispuesta a incluir a las personas que acompañamos. Entonces la red de recursos deja de ser un libro frío e impersonal, se va poblando de caras amigas, de teléfonos celulares de gente que entiende que el único modo de hacer frente al desafío del paco es haciendo lugar, cada uno desde la trinchera que le toca. Cuando nos es posible, intentamos transformar esos caminos de opción personal en políticas institucionales.

Recorriendo los caminos de la inclusión, una y otra vez, vamos reconociendo esos caminos, conociendo a las personas e instituciones y ayudando a tejer una red real.

 

La Red

Las instituciones en general están especializadas en una temática, dan respuesta a una necesidad. Así el Hospital Muñiz resuelve problemas vinculados con las enfermedades infecciosas, la Maternidad Sardá se enfoca en las embarazadas y sus niños, el Re.Na.Per en el DNI, la Se.Dro.Nar en brindar tratamiento, y los paradores del Gobierno dan alojamiento a quienes están en situación de calle.

Si bien la especialización es necesaria en las instituciones para dar respuestas pertinentes a cada problema, no se puede negar que esas respuestas son parciales y contribuyen a la fragmentación del individuo. Por eso el Centro Barrial entiende que debe especializarse en la persona entera, ayudar a dar unidad y sentido a la lucha, debe hacer propios todos los intentos del individuo por estar mejor. Así, el Centro Barrial puede ayudar a una persona infectada de HIV que estaba en situación de calle a que pueda dormir en un parador del Gobierno, retomar el tratamiento del VIH, hacer el DNI, sacar la pensión por HIV, y tal vez mudarse a un cuarto de hotel. De este modo su situación habrá mejorado sustantivamente. El Centro Barrial lo habrá ayudado a recorrer todos esos caminos con mayor facilidad ya que, por la burocracia y las dificultades propias de cada trámite, difícilmente pueda recorrer por sus propios medios sin desmotivarse. La soledad resta energías, y el Centro Barrial acompañando mantiene viva la esperanza. Para verlo mejor, vamos a ejemplificarlo con el trazado de una red social:

Supongamos un caso muy común en nuestro Centro Barrial. Una chica, supongamos de nombre X, adicta al paco, embarazada, con HIV, viviendo en situación de calle, y con poca higiene, como suele suceder en esos casos. Se acerca y manifiesta que quiere salir adelante para no perder el bebé que se está gestando. Sabe claramente que si llega en esas condiciones a la maternidad van a dar intervención a los organismos de derechos de los niños y teme que se lo saquen. A la vez, en el barrio hay gente que le ofrece dinero y drogas por el bebé. Tiene a su madre en González Catán, ella podría hacerse cargo del bebé, pero X teme acercarse a su madre, ya que por la adicción se fue de la casa dejando a otros hijos con ella. Vamos a intentar determinar las instituciones que intervendrían en nuestro barrio.

HIV: Hospital Muñiz

Embarazo: Maternidad Sardá

DNI: Re.Na.Per

Tratamiento de recuperación: Se.Dro.Nar

Vivienda: Parador

Futuro del niño: Consejo de derechos, Familia

el Centro Barrial: es que recibe a X, se suma a estas instituciones

Ahora vamos a intentar determinar cómo se relacionan esas instituciones en función de las necesidades de X. Para eso intentaremos llenar una tabla de doble entrada. Para completarla, dispondremos un 0 cuando no hay una relación entre las instituciones tendiente a solucionar los problemas; y 1 cuando sí la hay.

 

A continuación, proponemos la versión gráfica de la misma tabla:

 

El gráfico es claro. Cada institución que aparece es necesaria para resolver algún problema de X y no se le puede pedir una mirada integral porque su respuesta es específica. El Centro Barrial, en cambio debe enfocarse en la persona, tener la mirada global, recibir toda la información, gestionar los recursos y tejer la red asistencial.

Es entonces importante entender que el Centro Barrial no compite con otros recursos, sino que los potencia. Recibe al joven que se pasó unos meses en la comunidad terapéutica y se escapó, y cuando lo recibe lo ayuda a generar un plan de vida para que pueda capitalizar los avances que hizo en la comunidad.

En el Hogar de Cristo tenemos la impresión de que hay recursos, pero faltan instituciones como el Centro Barrial, que vinculen a los que tienen la necesidad con quien puede satisfacerla, que dinamicen y organicen la red. Este lugar nodal en la red solo se puede lograr en el trabajo territorial, y con una mirada holística. Lo que venga en adelante en políticas de drogas, sin dudas debería venir por aquí.

La presencia territorial de los Centros Barriales puede transformar las prácticas de otros centros asistenciales. Así, la internación en la comunidad terapéutica puede ser en algún caso más corta si la comunidad confía en que luego va a haber acompañamiento; o se pueden pensar estrategias nuevas desde los hospitales si el Centro Barrial favorece la adherencia a los tratamientos; o las decisiones de los juzgados sobre familias enteras pueden tener en cuenta el marco del Centro Barrial.

 

Acompañamiento

 

Ya hablamos de Cercanía y de Gestión, pero todo el esquema no funciona sin el acompañamiento. La gestión por sí sola es fría, y no es eficaz si solo indica el camino, si no camina al lado.

El acompañamiento es la cercanía a través del tiempo. El que acompaña elige seguir estando, así demuestra a la otra persona que es importante. Este no es un dato menor, el excluido es aquel a quien todo el mundo le está indicando que sobra, que para él no hay lugar. Esto es así en el ámbito laboral, de vivienda, en el hospital, en todos lados.

Los excluidos muchas veces no pueden recorrer sin acompañamiento los caminos de la inclusión: una vez que establecemos las prioridades de respuestas concretas nos damos cuenta que debemos acompañarlos en la ejecución. Hay cosas que solo se consiguen con acompañamiento, porque hay instituciones que no escuchan al marginal.

Sin embargo, una cosa es acompañar y otra muy distinta es hacer las cosas en lugar del otro. El Centro Barrial debe acompañar, u organizar el acompañamiento, pero no reemplazar al otro en su camino de inclusión. En esto recordamos el principio de subsidiariedad que enseña la Doctrina Social de la Iglesia, y comprendemos que debe ser así, aunque se tarde más, o no se logren todos los objetivos.

En esto es muy importante el papel del tiempo. El tiempo en el Centro Barrial es distinto, hay más tiempo que en otras instancias asistenciales. El hospital tiene un tiempo determinado por la relación entre la enfermedad y la necesidad de la cama, la comunidad terapéutica tiene un año o dos o lo que dure la beca… El Centro Barrial tiene más tiempo, por eso la gran virtud en el Centro Barrial es la paciencia. No hace falta forzar nada, no hace falta intentar llevar a nadie por caminos que no quiere transitar. El tiempo y el acompañamiento se encargan de enseñar. Por eso el lugar del voluntario del Centro Barrial nunca es el lugar de la autoridad constituida. La autoridad nos es conferida por haber estado al lado en las buenas y en las malas. La autoridad es el reconocimiento del consejo del voluntario. Nuestro lugar es la sugerencia, la memoria, el consejo, pero nunca el control.

No ahondaremos en las formas concretas del acompañamiento porque es tema de otros apartados; sin embargo, sí indicaremos cómo cambia el pensamiento sobre la droga con la presencia del Centro Barrial. El abordaje territorial y comunitario, con su propia configuración del tiempo corre el eje de la lucha contra las drogas. El objetivo ya no es dejar la droga sino seguir luchando por la vida. La meta ya no es cortar con la droga para siempre, ojalá que sea así pero no es grave que una persona que está luchando bien la vida tenga un encuentro con el alcohol o las drogas, lo grave sería que eso lo deprima, lo desmotive o abandone la lucha. La presencia cercana y el acompañamiento ayudan a que esta frustración no sea tan difícil de sortear. El objetivo del Centro Barrial es la lucha por la vida.

 

 

[1]Cf. “El desafío del paco”. Equipo de sacerdotes para las Villas. 24 de junio de 2010.

[2]Nos parece iluminador al respecto el trabajo de López Rosende Juan Manuel. Huérfanos de amor. Trastornos psicológicos y espirituales. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2008.

[3]Cf. Walter Kasper. La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana. Salterrae. Santander 2012. Pág. 191

[4]3° Jornada sobre «El desafío del paco». Colegio Pío IX. 16 de noviembre de 2010

[5]Cf. La droga en las villas: despenalizada de hecho. Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia. 25 de marzo de 2009.

[6]Cfr. “La droga en las Villas: Despenalizada de hecho.” Equipo de sacerdotes para las Villas. 25 de marzo de 2009.

[7]Xavier Le Pichon. Las raíces del hombre. De la muerte al amor. Sal Terrae. Santander 2000. Pag. 119.

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