Reflexiones

Aprender de la Tensión. Por: Pablo Vidal

Aprender de la Tensión

por Pablo Vidal

En la cotidianidad de todos los Centros Barriales (CBs) del país de nuestra Familia Grande Hogar de Cristo, se repite una misma escena: una persona que estamos acompañando reaparece luego de un período de ausencia.

Se hace presente después de estar consumiendo sustancias por largos días y siente deseos de parar un poco. Los que vuelven en estas circunstancias lo hacen de distinto modo: alguno tendrá ganas de bañarse, otro de ser escuchado y compartir con los demás, otro sólo querrá descansar sin sentir miedo a que lo lastimen como suele suceder en la calle. En todos, el factor común, es el peso de las frustraciones, la angustia de querer y no poder, la decepción de sentirse nuevamente en el mismo lugar. Esos sentimientos que nos atraviesan a todos en otras circunstancias de la vida misma.

Encontrarnos con esta persona nos produce mucha alegría. Es alguien a quien  queremos, que hace tiempo no vemos y al que muchas veces recordamos con preocupación. El reencuentro siempre es gozoso: nos abrazamos, charlamos, le acercamos ropa y elementos de higiene, le ofrecemos la oportunidad de tomar un baño para luego alimentarse, conversar más profundamente y que pueda descansar para comenzar a reponerse.

Se acerca otra de las personas que venimos acompañando y asiste diariamente al CB, que viene participando todos los días del CB. Colabora en todas las actividades, hace su terapia, realiza tareas de mantenimiento en el Hogar, en una palabra: “hace todos los deberes” y también está con ganas de hablar…

Es en ese momento donde aparecen las preguntas-reclamo del “hermano mayor”: – ¿Y yo? ¿Cuándo? ¿Tengo que venir drogado para que me escuchen? ¿Por qué lo recibimos si siempre hace lo mismo? ¡Este sólo viene a comer y se va!

Cada vez que se repite este momento se tensiona el corazón de todos. La tentación suele ser resolverlo anulando la situación, por ejemplo, poniendo una regla que funcione como barrera; en parte, y con justa razón, debido al cansancio personal.

Se trata de resolver el conflicto eliminando alguna de esas presiones del acontecer diario.

Ante la tensión que generan estos momentos una repuesta es la normativa: “No pueden ingresar al Hogar los que están bajo efectos de consumo”; Claro que de este modo evitamos la fricción, pero el precio que pagamos es el de que alguien quede afuera.

Trabajando en condiciones tan difíciles es humano que busquemos opciones que nos tranquilicen pero es así como se van institucionalizando prácticas que aparecen como   “operativas” y hasta “naturales” pero que nos contradicen profundamente en nuestro espíritu fraterno.

Otro ejemplo cotidiano de tensión en los CBs es la que se da cuando no alcanzan las bolsas de mercadería para repartir a todos; la escasez siempre genera fricciones… Entonces, se decide no entregar nada a nadie. En este caso nos parece que la solución confunde igualdad con justicia; Porque, pensemos: ¿Quién se beneficia con esa regla? ¿Quién es el centro de nuestra decisión ahí?

Mantener el espíritu en la tensión resolviendo desde el bien común es recibir al “hermano menor” y recibir “al hermano mayor”. Es poder alojarlos a los dos. Porque esos momentos críticos y hostiles son la cuna de nuestros valores cristianos, la marca de nuestra diferencia en los modos del hacer: Nosotros resolvemos la tensión apoyados en el valor de la fraternidad.

En los CBs, proponemos la fraternidad entendida como una invitación profunda a “VER” al hermano, al otro, al que está débil y al que está enojado; es una propuesta a “salirse de uno” constantemente, a correrse del lugar del HIJO para ponerse en el lugar de HERMANO.

Este es el momento que se repite y tantas veces se hace carne en nuestros CBs. Es el punto clave donde, ante la tensión que confunde y genera malestar, es recomendable  parar la pelota y hacer memoria, volver a hilar la historia: acompañar al hermano mayor para que se conecte con su fragilidad, que recuerde cómo fue su camino, ayudar a que recuerde que él también estuvo ahí y generar empatía para que se reconozca en el proceso doloroso de intentar sanar las heridas.

Nos proponemos el enorme esfuerzo de sostener la tensión en su explosión más lastimosa dando el paso largo que nos ponga a resguardo del interés común y no del de salvaguardar nuestras propias seguridades. Porque si nuestra vida, que es en relación, la empezamos a mediatizar, poniendo reglas que condicionen para recibir al otro, la propia y la de los demás dejan de ser vínculo vivo y allí sobreviene la muerte. Porque no hay posibilidad de encuentro para la transformación que es siempre obra del amor.

Profundizando este punto resulta interesante pensar el modo en que la filosofía, diferencia frente al “Otro” dos modos de vinculación: la tolerancia y la hospitalidad.

En la tolerancia no hay una apertura, implica una exigencia de que el otro deje afuera lo que me molesta, lo que me irrita e impongo yo, las reglas de ese vínculo. Y pone este ejemplo: si invitamos a alguien a nuestra casa y se comporta en consonancia con mis costumbres, mis valores, mi cultura, no habría ningún problema. Pero si el invitado se comporta diferente lo tolero o lo echo. Tolerar al otro es tener que soportarlo y eso implica, de por sí, ponerle una distancia para no involucrarme.

En cambio, en la Hospitalidad, que tanto tiene para decir nuestra tradición cristiana, me abro al otro y me dejo transformar por él. Recibir la vida como viene es no ponerle condiciones a ese vínculo. Es la Hospitalidad la que nos enseña a desapegarnos de nuestro yo, de nuestro ego. Es evangélico que el otro me desacomode, me desencaje, porque significa que ahí hay apertura a algo nuevo. Porque ser Hospitalarios es recibir el extranjero, al que no conozco, es recibir a María y a José en Belén.

 

La Dialéctica como modo de sostener la Tensión

Hay un concepto filosófico, que Hugo Ortiz[1]nos ha ayudado a desentrañar. Es el de la Dialéctica. A grandes rasgos podríamos decir que la dialéctica pone en juego dos cosas distintas, muchas veces contradictorias entre sí, que están ligadas por algún tipo de relación.

Este método dialéctico, de poner en dialogo dos ideas/conceptos distintos, una de las maneras que utiliza la filosofía ante estos dos diferentes es resolver la confrontación eliminando las dos opciones y generando una nueva o haciendo que una absorba a la otra o una que destruye a la otra.

En cambio, la dialéctica de la implicancia y la copresencia que describe Michele Federico Sciacca[2]es novedosa en cuanto propone sostener ambas. Porque es en esa tensión que podemos comprender la complejidad e ir entendiendo que ambas miradas se necesitan mutuamente para existir.

La idea es que en estas siguientes oraciones podamos recorrer algunas de estas tensiones que se producen en nuestros Hogares. Donde vamos a poder ir reflexionando de nuevo que la clave no esta en ir resolviendo la tensión buscando seguridades propias del camino. Sino que justamente lo importante, es no resolver. Es dejar abierto el planteo, porque es en esa tensión en esa pregunta constante del devenir y su incertidumbre por donde vamos a caminar.

 

Carisma e Institución

Recuerdo que en el CB San Alberto Hurtado había una frase pegada en una de las paredes. Solemos repetirla a menudo: “El Hogar de Cristo no se explica, se vive”. Frase totalmente acertada que nadie se atrevería a discutir. Porque nuestros Hogares tienen una espiritualidad propia que se hace experiencia y se hace carne en relación al otro, no desde un escritorio. Es estando ahí, compartiendo, llorando, sufriendo con el hermano que se va comprendiendo cuál es nuestra identidad, entendida como el modo de ser y hacer.

Es verdad, que la realidad de los CBs son tan complejas, que “recibir la vida como viene” es muy difícil porque no se puede describir lo que esta sucediendo ahí, y más complicado aún es intentar leerlo desde unas teorías que siempre son un esquema cerrado en sí mismo intentando artificiosamente explicar algún aspecto de la realidad.

Pero la realidad es siempre superior a la Idea, mucho más compleja y diversa, tanto como cada uno de los CBs y las personas que lo componen. Sobretodo, teniendo en cuenta, que cada CB tiene sus propias características y particularidades. No hay en todo el país dos CBs que sean iguales. Eso nos hace muy ricos y es el motor que anima nuestra búsqueda comunitaria de la resolución del día a día.

Y por otro lado, está la necesidad de sistematizar el trabajo. Poder realizar alguna que otra investigación que nos ayude a pensar nuestra comunidad y así poderle prestar atención a cosas que por ahí no estamos teniendo en cuenta. Recuerdo que el Padre Charly Olivero muchas veces cuenta que en los primeros años del Hurtado, en el Hogar estaba convenido que había muy pocas mujeres que estaban consumiendo sustancias. Y vino el Instituto Gino Germani[3]a realizar un estudio sobre el consumo en las mujeres, donde el resultado fue que había mujeres, y muchas, que estaban consumiendo pero que no se acercaban a nuestro CB porque no tenían espacio donde dejar a sus hijos y que nuestro CB estaba pensando más en actividades para varones que para mujeres. Fue gracias a esa investigación que se abrió el Rincón de los Niño/as en el CB San Alberto Hurtado.

Es cierto también que la Familia Grande Hogar de Cristo viene creciendo en muchos lugares del país. Y es necesario pensar cuales son las prácticas coherentes con nuestro espíritu y cuáles no. Poder trasmitirle a otros cuál fue nuestro recorrido, cuáles fueron las respuestas que fuimos encontrando en los distintos años de los CBs para ver los puntos en común y aprender de ellos.

La tentación es intentar resolver esta tensión y disfrutar de la calma cuando pasó pero necesitamos escribirlas, contarlas, relatarlas en primer lugar porque la escritura produce conocimiento, el relato de algo sucedido ya es un modo de elaboración de las emociones y las tensiones que se sucedieron y es otro escalón en la construcción del saber colectivo respecto de nuestras prácticas.

No buscamos hacer una manual o un protocolo de actuación que congele el Carisma pero, si el Hogar es sólo Carisma, no nos tomamos tiempo para reflexionar sobre nuestras prácticas y no somos capaces de transmitírselas a otros la experiencia humana que es acumulativa y es lo más valioso que tenemos se pierde en el recuerdo de los que lo vivieron y no queda como sedimento enriqueciendo la vida común.

Carisma y sistematización de las prácticas son necesarias para que le Hogar siga en movimiento. Como unidas por un hilo largo siempre en equilibrio es que tenemos que sostener la tensión que nos hace caminar, seguros aunque plagados de preguntas.

 

El Hacer y el Ser

Cuando visitamos a un CB que recién están comenzando. Donde recién se están preguntando, cuestionando el modo de empezar. Una de las primeras consultas es: “¿Y qué actividades tengo que tener en mi CB?”.

Muchas veces tenemos la tentación de imaginar que nuestros centros tienen que organizar una calesita de actividades o un ”parque de diversiones” para atraer a las personas. En ese caso corremos el riesgo de no respetar los tiempos del otro.

Cuando en realidad los verdaderos encuentros se dan cuando creemos que no esta pasando nada. Se dan en esos “tiempos muertos”, que son cuando estamos esperando en la guardia del Hospital, cuando estamos sentados en silencio tomando mate y sólo disfrutamos la presencia del otro.

No hay ninguna actividad que de por sí sea la más “efectiva” para que las personas que acompañamos dejen de consumir. En todo caso sería al revés: deberíamos poder preguntarnos: “¿Qué sentido tienen los talleres, las actividades en nuestro CB?” Ellas,  deberían apuntar más a generar procesos  personales y comunitarios en el tiempo que ocupar espacios en la grilla de nuestro Hogar. Procesos internos y comunitarios procesos que permitan ir reconociendo la propia vocación, el verdadero Deseo.

Muchas veces pienso el acompañamiento, como un modo de ir prendiendo una fogata. No se enciende con grandes troncos, al principio, uno va juntando pequeñas ramas, y ahí va prendido alguna. Y cuidando ese fuego, mirándolo con mucha atención al principio, por el riesgo de que se apague, uno lo va soplando y, de a poco, le va agregando ramitas y cuando ya se hizo fuerte se ponen las grandes ramas. Sin ahogarlo ni apagarlo, esperándolo.

El acompañamiento de las personas que nos encargaron es “ese modo artesanal de hacer el fuego.” Ir sosteniendo entre el Hacer y el Ser dos cosas que van de la mano.

 

Internación y Ambulatorio

Esta discusión la encontramos más afuera que dentro de nuestros CBs. Pero es sano discutirlas dentro de nuestros equipos.

Actualmente parte de la Comunidad Científica se divide entre lo que creen que el único camino son los dispositivos de Internación y los que creen que el único camino son los dispositivos ambulatorios.

En nuestros hogares, por estar conectados a la realidad, y siéndoles fieles a cada persona que se nos presenta. Esta tensión la vamos caminando con más naturalidad. Porque entendemos que esto es un “Cuerpo a Cuerpo” en el que habrá algunos que necesiten una internación y que otros necesiten un ambulatorio.

Y porque realmente escuchamos que hay chicos que necesitan estar por fuera del Barrio y que el Barrio les complica.

Acá podríamos abrir un pequeño apartado, donde muchas personas nos consultan: “¿No es complicado tener los CBs cerca de los Barrios?.” Y la verdad es que sí. Muchas veces complica que los CBs estén cerca de los barrios, porque es ahí donde compran la droga, porque suelen estar tentados, y más inmersos en una vida cotidiana que los empuja a consumir pero, estamos convencidos de que es ahí donde queremos estar. Es en ese trabajo de estar al lado en su verdadera realidad que queremos estar.

 

Dar y Enseñar

Esta tensión es una de las más importantes y que marca el espíritu del Hogar de Cristo. No solamente porque es una de las tensiones que mas genera fricción, sino que se juega uno de nuestros pilares: “Recibir la vida como viene”.

No se puede pensar el acompañamiento si no nos involucramos con todo lo que genera el tema dinero. No podríamos separar consumo de sustancias de esta sociedad del consumo, y todas las representaciones simbólicas que se ponen en juego ahí con las vidas que acompañamos.

Recibir la Vida es recibir también el problema del dinero. La urgencia de no llegar a fin de mes. La imposibilidad de alquilar o comprar su vivienda. La dificultad de adquirir medicamentos caros. El desempleo y las limitaciones que se encuentran hoy trabajando en la economía popular.

Sostener esta tensión es brindarle posibilidades para trabajar el dinero. Ofreciéndole un lugar donde guardarla, poder prestarle dinero cuando sea necesario, financiarle un proyecto que quiera realizar, en otras ocasiones será darle plata para que pueda sacar fotocopias a su CV o poder viajar en colectivo a hacer trámites, poder pagarle para realizar alguna tarea dentro del CB, etc.

En varias ocasiones conversamos con distintos compañeros de los equipos, que el dinero es el termómetro más fiel en cuanto al acompañamiento. Es en el manejo de ese bien de intercambio que percibimos el ánimo de esa persona, de cómo se encuentra.

 

Cruz y Salvación

Otra tensión quenos atraviesa a todos como vocación y como camino  es la que nos propone Jesús a través de los Hogares.  Me refiero al camino del amor crucificado.

El Hogar va produciendo en su lento fuego, en sus malos y buenos días, en sus avances y tropiezos que en nuestros corazones vayan tomando las mismas dimensiones: la cruz y la salvación.

Es como si tuvieran las mismas dimensiones la angustia que nos produce cuando  alguien muere, nos trasmite su historia de dolor, o los vemos en la calle, que la alegría y el gozo que nos invade cuando alguien se encuentra con un familiar que no ve hace  mucho tiempo cuando recupera su documento de identidad después de “haber sido legalmente, nadie” o cuando se enamora. En esa paradoja vamos caminando: El Hogar es esa alegría y  todo ese dolor.

 

Responder ante la Realidad conectados con nuestro Corazón

Estas tensiones que fuimos recorriendo y fuimos poniendo en diálogo nos las podemos imaginar como dos caballos que van tirando cada uno para su lado y vernos nosotros conduciendo ese sinsentido violento. Hay un término muy interesante que suele utilizarse para los Caballos que es la Querencia.

La Querencia es la inclinación o tendencia de ciertos animales a volver al sitio en que se han criado o tienen costumbre de acudir. Se sabe que ellos, cuando están cansados, sin importar lo lejos que estén vuelven con una fuerza increíble que es imposible contrarrestar, a su lugar de descanso.

Si utilizamos a los caballos como metáfora, donde en realidad son esos polos de las tensiones que fuimos nombrando que buscan constantemente resolverse, disolviendo esa fricción, buscando mayor seguridad y comodidad.

Por eso creo que el desafío está en mantener la apertura y tener la capacidad de sostener las preguntas que nos van haciendo caminar. Porque son más importantes las preguntas que nos vamos haciendo juntos que las respuestas o las prácticas que vayamos encontrando en el recorrido.

Por eso en los Hogares de Cristo creemos que la única certeza es la de la importancia de estar todo el tiempo conectados con el propio corazón, para hacer puente con el del otro, porque es en ese discernimiento donde vamos descubriendo el camino: “¿Acaso no ardía nuestro corazón?” (Lucas. 24, 32). Es el estar conectados con nuestro corazón lo que nos da el termómetro de cómo vamos conduciendo esas tensiones sin perder la ternura.

 

[1]Ver Encuentro 2: Antropología Cristiana – Hugo Ortiz https://www.youtube.com/watch?v=Dp-nyWScfMc

[2]Filósofo Italiano

[3]Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

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