La gracia y el vínculo. Una imagen bíblica para motivar el acompañamiento

Esta gran declaración de principios, es toda una promesa que Dios expresa cuando, por así decirlo, llega al punto del hartazgo. En nuestro criollo cotidiano, lo podemos asemejar a esas veces en las que nos sale decir: «¡Dejá, dejá! ¡Dejá que lo hago yo!». No necesitamos mucha más explicación. Nos suele pasar cuando confiamos una tarea a alguien y, después de haberle dado muchísimas oportunidades, no la lleva a cabo como le pedimos o como esa misma persona se comprometió a hacerlo. Así, teniendo en cuenta lo misericordioso y paciente que es Dios, imaginemos a qué nivel de corrupción llegó la dirigencia en ese momento de la historia del pueblo de Israel para que Él mismo tenga que decir: «Dejen, lo voy a hacer Yo…». Pero esto que resuena en nuestro oído como queja de paciencia agotada, en la intimidad divina se gesta a modo de promesa que condimenta el presente no tanto con la amargura del pasado que ancla, sino con la sal del futuro que lanza hacia adelante.

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